En las horas posteriores a los dos terremotos, la incertidumbre marcó a quienes seguían desde Chile el desarrollo de la emergencia. Con el paso del tiempo comenzaron a llegar imágenes y registros enviados por familiares y residentes, que evidenciaban la magnitud de la tragedia: edificios colapsados, personas desaparecidas y miles de damnificados daban cuenta del devastador impacto que dejaron los sismos.
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