El Ciudadano
A medio siglo de su detención, la historia de Víctor Díaz —dirigente sindical y figura clave del Partido Comunista— sigue marcada por la violencia de la dictadura y la persistente búsqueda de verdad y justicia.
Obrero, dirigente de la CUT y subsecretario del PC en la clandestinidad, fue capturado por la DINA en 1976. Su caso revela no solo la brutalidad del aparato represivo, sino también las estrategias de encubrimiento del Estado.

Víctor Manuel Díaz López (también conocido bajo el nombre clandestino de «José Santos Garrido Retamal») nació en Tocopilla el 10 de noviembre de 1919. Sus orígenes fueron humildes, su padre era minero y su madre lavandera de la ciudad. Díaz trabajó desde muy temprana edad vendiendo diarios y repartiendo ropa antes de convertirse en minero con tan solo 18 años.
Además, se desempeñó como obrero gráfico en la imprenta Horizonte (donde se publicaba El Siglo). En 1940 ingresó al Partido Comunista (PC), para posteriormente, en la década de los 60 ser electo dirigente nacional de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), en representación del partido.
Asimismo, durante el gobierno de Salvador Allende, pasó a ser Subsecretario General del PC (1971). Desde ese espacio impulsó la lucha y contribuyó a organizar el triunfo de la Unidad Popular, y desde el movimiento obrero se convirtió en un actor clave y cercano colaborador del gobierno y del Presidente Allende.
Antes del golpe, estimó necesario defender al gobierno y su proyecto frente a la arremetida violenta impulsada por la CIA, el imperialismo y sus aliados en Chile. Tras el golpe, encabezó los primeros esfuerzos por rearticular al PC en el país y reorganizar su dirección en la clandestinidad.
Tras el golpe de Estado de 1973, Díaz pasó a la clandestinidad bajo el nombre de “José Santos Garrido Retamal”. Sin embargo, un 12 de mayo de 1976 fue capturado por agentes de la DINA en un domicilio en la comuna de Las Condes. Según testimonios de la época, al ser descubierto, los agentes celebraron su captura gritando: «¡Chino Díaz!, al fin te pillamos».
Al momento de su detención, el histórico dirigente estaba casado y era padre de tres hijos. Según documentos sobre su detención, los agentes, tras celebrar la captura de Díaz, incluso llamaron directamente al entonces jefe de la DINA, Manuel Contreras, para informarle del éxito del operativo.
También se detalló en los documentos que al momento de ser sacado de la casa, presentaba signos de haber sido brutalmente golpeado (labio hinchado, ojo semicerrado, dificultad para respirar) y estaba atado de manos.
Según el informe, Díaz fue sometido a violentos interrogatorios iniciales y posteriormente trasladado a Villa Grimaldi. Además, el documento cita diversos testimonios de otros detenidos que lo vieron en dicho recinto entre mayo y agosto de 1976, confirmando que fue sometido a severos interrogatorios y torturas.
Por otro lado, se detalla que en octubre de 1976, la DINA obligó al dirigente a escribir una carta y realizar una llamada telefónica a su familia para pedirles que detuvieran las gestiones legales por su libertad, asegurando falsamente que estaba bien. Su esposa, Selenisa, cortó la comunicación exigiendo verlo en casa. Fue la última vez que supieron de él.
El informe detalla además cómo los agentes intentaron dejar constancia formal de que el allanamiento no había causado daños y que el detenido sería trasladado a «Cuatro Álamos», en un intento de ocultar la naturaleza de la detención, a pesar de que el detenido fue conducido a Villa Grimaldi.
Así, Víctor Manuel Díaz López pasó a formar parte de la lista de detenidos desaparecidos, en el contexto de la represión sistemática contra la dirigencia del Partido Comunista en Chile durante la dictadura militar.
Investigaciones realizadas en democracia determinaron que Víctor Díaz fue asesinado por asfixia con una bolsa plástica y su cuerpo envuelto en sacos, atado a un trozo de riel y lanzado al mar desde un helicóptero frente a la costa de la V Región.
El caso formó parte del «Caso Calle Conferencia» y se procesó a más de 120 agentes de la DINA. Posteriormente, en 2012, Manuel Contreras fue procesado como autor de su secuestro calificado.
Además, el informe Rettig confirmó que el Estado intentó encubrir su detención usando la identidad falsa que portaba Díaz, afirmando que el verdadero dueño de esa identidad había sido liberado, lo cual fue desmentido por la familia del afectado.
A 50 años de su desaparición, Víctor Díaz sigue siendo una herida abierta en la historia de Chile. Su trayectoria no solo refleja el compromiso de una generación con la organización obrera y la transformación social, sino también el costo brutal que impuso la dictadura a quienes intentaron resistirla. Su nombre permanece entre los miles que el Estado hizo desaparecer, en un intento sistemático por borrar no solo cuerpos, sino también proyectos políticos.
Pero la memoria ha resistido donde el terror quiso imponerse. La persistencia de su familia, de las organizaciones de derechos humanos y de quienes siguen exigiendo verdad ha impedido que su historia quede en el olvido.
A medio siglo, su ausencia no es solo pasado: es una interpelación vigente sobre justicia, impunidad y el deber del Estado de responder —completamente— por los crímenes que aún no terminan de cerrarse.
La entrada Víctor Díaz: 50 años de la desaparición del dirigente de la CUT que la dictadura no logró borrar se publicó primero en El Ciudadano.
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