De acuerdo con un sondeo de Plaza Pública Cadem de la semana pasada, un 52% cree que Chile va por un mal camino, un alza de 26 puntos desde el 11 de marzo, y el pesimismo sobre el futuro del país (49%) supera al optimismo (48%) por primera vez en 44 semanas (desde mayo 2025). Así las cosas, en el ámbito de las percepciones y las encuestas parece buena idea volver a empezar y recuperar el relato de crecimiento.
La narrativa de emergencia económica y de un país quebrado, sumado al desconcierto económico internacional, llegó a los hogares de todos los chilenos y chilenas. Al incremento del precio del combustible se suman los anuncios de alza de tarifas, del valor de la UF y, por si fuera poco, de los alimentos. Los anuncios de ayudas focalizadas dejan descontentos a la política y a la ciudadanía.
La consigna del gobierno es “ajustarse el cinturón”, pero esa narrativa es exactamente inversa a la expuesta en la campaña del presidente Kast, que prometió más optimismo, mejores empleos, un país donde la economía crecería. Muchos lo esperaban y, con el pasar de los días, la promesa de un Chile mejor pareciera que se aleja. Diariamente el desaliento se apodera de los ciudadanos y en el sector empresarial vuelve a rondar la palabra incertidumbre ya que las tan anunciadas eliminaciones de trabas a la inversión aún no ocurren.
A la luz de los resultados, se ha resuelto cambiar el relato de la emergencia por el de la reconstrucción, es decir, volver a construir, volver a armar. Como si estuviéramos quebrados, rotos. En lo personal, me parece un relato poco luminoso para una ciudadanía que esperaba con ansias el optimismo, el impulso económico que generaría más empleo, más plata y más consumo. Sin embargo, escuchamos a diario una puesta en escena inversa con malas noticias: no hay caja, hubo despilfarro, se hará recortes de platas, etc. A un mes de gobierno estamos agotados.
Como consecuencia, las encuestas muestran un fuerte deterioro de la percepción económica de las personas. Por su parte desde el mundo empresarial se escuchan pocos anuncios de inversiones y poco reclamo. Están expectantes y silentes.
En el ámbito de la seguridad, además de los conflictos en torno a la ministra Steinert, reaparecen los asaltos y la delincuencia, mientras que la franja iniciada y sin terminar en el norte de Chile, comienza a verse como un nuevo símbolo de la ineficacia estatal en el empeño de terminar con la lacra del crimen organizado.
Observo lecciones no aprendidas en la insistencia de la lógica de “hagamos todo de nuevo porque todo estaba mal hecho”. Esto es lento y empíricamente inconveniente. No puedo dejar de recordar los primeros seis meses del gobierno pasado, donde solo le habló a su barra y muy temprano se quedó únicamente con la adhesión de sus fanáticos. También se me vienen a la mente las convenciones I y II, con sus posiciones extremas, sin capacidad para lograr acuerdos. Todo con una polarización que frena, deprime y genera mucha incertidumbre.
Reconstruir en los afectos significa crear o fortalecer lazos, recuperar la confianza, crear acuerdos. Mirar, escuchar a la ciudadanía y calibrar para volver a conectar. Volver a empezar no es tan difícil, pero para ello se requiere humildad. No se trata de popularidad. Sino de gobernar.
Por Claudia Miralles, gerenta de comunicación estratégica de Imaginaccion.
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