El Ciudadano
Por Javier Karmy Bolton

Cruzamos unas últimas palabras esperando lo mejor para Miriam… y de pronto eras tú, que silenciosamente incubaste el virus y no avisaste a tiempo. Con todo lo que hablabas por minuto… ¿cómo fue posible? Lo que sí puedo decir con certeza, es que eras un hinchapelotas, una boca imparable, casi verborréica, de lengua rápida y sagaz, de anécdotas livianas y profunda política y que no paraba de conversar, imaginar, cruzar sueños y esperanzas. Buscabas entrelazar, fraguar y pensar en la política, pero todo enverdecido por una idea de algo así como un buen vivir desde tu querida Patagonia. No eras patagón, pero te fuiste convirtiendo. De la tierra nortina de Iquique cruzaste casi cuatro mil km para asentarte en un pequeño Puerto Guadal, frente al lago General Carreras, donde te asentaste con los tuyos.
Comentaste alguna vez de tu decisión de salvaguardarte por los allás en «la perla del lago», y tenía que ver con que ahora le tocaba a ella, mostrando tu admiración por Miriam una vez más. Aun así, no te pudiste contener y semana tras semana nos llegaban tus opiniones contingentes escritas en El Divisadero. Escribir ahí marcaba tu decisión de mantenerte en el lado del periodismo de trinchera, en la idea de que las comunicaciones no son neutrales y que optaste por este proyecto más independiente por una razón política: entregar tu trabajo a lo común. También tus palabras cruzaron sin problemas el mainstream cuando se requirió, aportando a Ciper, El Mostrador, e incluso en Science Maganize y Nature. Porque cruzabas el periodismo social, científico, de investigación y comunitario en favor de fortalecer un espíritu común hacia el buen vivir.
Después de la campaña «Patagonia sin represas», quizás lo más importante que como periodista realizaste fue ponerte al servicio del movimiento socioambiental de la región de Aysén, que llevó como lema «Tu problema es mi problema», en la rebelión de la Patagonia de aquel verano del año 2012. En ese contexto, es ineludible mencionar la acusación que el entonces ministro de Salud, Jaime Mañalich, realizó en tu contra diciendo que como «empleado» de Patagonia sin represas eras un agitador y responsable de no llegar a acuerdos en la mesa de negociación con el Gobierno.
Ahí te veo sentado junto a Mañalich de igual a igual. Después nos lo contaste y, lo más notable, en realidad no era la historia, sino tu feliz sonrisa en cada palabra dicha de este episodio.
No solo no te amedrentó Mañalich, sino que le dijiste al mundo entero que en realidad él aparentemente estaba molesto contigo «en términos personales», porque en un momento «él salió de la mesa de negociación y dijo que estábamos en un acuerdo completo y eso era totalmente falso”. Así que, desmentiste a un peso pesado de ese nefasto gobierno.
Escuche la entrevista en audio de radio Biobio
Defendiste lo que el pueblo gritaba en las calles. El movimiento social era legítimo contra las políticas de Piñera y se gritaban con fuerza en el puente General Ibáñez. Pero también era contra la brutal represión estatal que vivieron día tras día, bajo lluvias cotidianas que se alimentaron por la tardanza en la respuesta a las demandas de una comunidad que durante 40 días se organizó en ollas comunes, en llamadas telefónicas a las radios locales por la noche para avisar dónde andaban los pacos dando vueltas, por las barricadas que dejaron varios días totalmente bloqueada a la región, hasta que las negociaciones de las que tu fuiste parte, concluyeron. Viajaste a Santiago junto a los dirigentes sectoriales de la movilización y finalmente se obtuvieron resultados importantes, entre otros, la creación de la Universidad de Aysén, subsidios a los combustibles, protección a las cuotas de pesca artesanal, y los hermosos ríos que aún están prístinos en «Aysén, reserva de vida».
Tus vínculos fueron tu gran fortaleza, en el Colegio de Periodistas, en la política intentando participar desde adentro en la Convención Constitucional, desde las ONGs ambientalistas, así como en lo comunitario y dirigencial. Por eso, también, acá van estas palabras que intentan fijar a una estrella fugaz que se entregó por entera a cambiar la trayectoria de la Tierra patagónica.
«Tenemos el corazón apachurrado, te juistes ché», así, sin avisar… un día 21 de agosto de 2026. Así nos enrostras que nuestras vidas de pronto terminan. Que la intensidad merece la pena, que, en la defensa de la vida, se nos va la vida… en los ríos, en la cordillera, en el agua, en los árboles, en las aves, en el mar, en la inmensidad de una gota de agua. Aún están las venas abiertas, y aun así nos paramos a sostener un lienzo que dice que «en esta tierra hay algo que merece vivir».
Austral donde te hiciste, nortino de nacimiento, en estas horas trasciendes en este planeta que defendiste con toda tu energía. Te recordaremos por tus ojos escondidos tras esos lentes gruesos, oscurecidos y medio chuecos, por tu voz rápida, tu mueca en la boca y la velocidad para responder, tu sagacidad, tu risa y, como no, tu chaleco siempre abrigado.
Estamos tristes y celebramos tu vida.
Por Javier Karmy Bolton
Periodista
Gaceta Ambiental, agosto 22 de 2026.
Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.
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