Creo que los true crimes nos han anulado la capacidad de disfrutar una serie sin giros constantes, y 'Adolescencia' es la última prueba de ello

Creo que los true crimes nos han anulado la capacidad de disfrutar una serie sin giros constantes, y 'Adolescencia' es la última prueba de ello

Desde que en 2014 el podcast 'Serial' resucitó el interés del público por los crímenes reales (que en décadas anteriores se había explotado en revistas y películas ficcionadas), el género ha vivido un auténtico boom. La cultura popular se ha inundado de pesquisas y tramas como las de 'Making a murderer', 'A los gatos ni tocarlos' o 'Tiger King', repletas de giros continuos, cliffhangers imposibles, sorpresas constantes y un final en el que nada es lo que parece.

Claro está, la ficción se ha amoldado a esta nueva manera de contar la realidad: las series y las películas nos han acostumbrado a que nada es lo que parece, hay siempre un giro detrás del giro y la maldad se esconde tras cada recoveco, descubriendo que hasta los personajes aparentemente más inocentes esconden sórdidos secretos. Y entonces llega una serie como 'Adolescencia', trastoca toda la narrativa convencional... y no todo el mundo se ha sabido adaptar.

Ojo: Spoilers de 'Adolescencia'. Si no la has visto, harías bien en ponerte con ella, que solo son cuatro episodios y es una de las mejores series del año. Avisado quedas.

Dolor en plano secuencia

Estamos tan acostumbrados al whodunit (o sea, a jugar a adivinar quién ha cometido un crimen) y a los giros, que a nuestra cabeza le cuesta asimilar que en el primer episodio de 'Adolescencia' ya te muestren quién y cómo ha cometido el asesinato. Sin remilgos ni lugar a dudas: la policía ha entrado en casa de la familia a llevarse a Jamie no por acusaciones sin fundamento, sino porque tienen las suficientes pruebas como para demostrar que ha sido él, incluyendo un vídeo. Es la manera que tiene la serie de decirte "Esto es lo que ha pasado. Conoces el quién y el cómo. Ahora exploraremos el porqué".

Eso es exactamente lo que hace: mostrar las repercusiones del asesinato desde tres puntos de vista totalmente distintos. Explorando la realidad de la manosfera, el peligro de las redes sociales y de individuos como Andrew Tate, 'Adolescencia' pone un espejo enfrente de una sociedad enferma que, muchas veces, ni siquiera sabe lo que esconde en su propia casa. Esa madre reconociendo que le veía con el ordenador hasta la una de la mañana, ese niño utilizando las técnicas aprendidas en TikTok e Instagram contra su psicóloga, ese colegio infectado desde la base sin redención. Cada episodio es más triste, más doloroso, más real.

Y sin embargo, un vistazo rápido en Reddit nos enseñará que hay gente que se ha creado su serie alternativa. Personas con diferentes teorías sobre la identidad del asesino, desde quien cree que es un amigo de Jamie que se ha puesto su ropa para inculparle hasta quien opina que, después, otra persona la remató y la policía no lo ha sabido ver. Estamos tan acostumbrados a que al final de la serie se nos descubra una realidad oculta para nosotros que muchos no son capaces de admitir que, en la serie de Netflix, esa revelación solo ocurre, después del pasar del tiempo y de macerar el dolor compartido... para su familia.

Adolescence

¡Sorpresa sorpresa!

Pese a su atrevimiento y su guion superlativo, no tengo claro que estuviéramos hablando tanto de 'Adolescencia', tristemente, sin el consabido plano secuencia. Al final, para introducir ciertos conceptos más reflexivos se necesita un gimmick para llegar al gran público, como el niño que necesita que le hagan el avioncito para comerse el puré. En este caso es un puré difícil de tragar para mucha gente y en el que se mezcla el contenido incel que consumen gran parte de adolescentes (muchas veces de manera inadvertida), la indefensión de los adultos ante el consumo de Internet de sus hijos, el retorno del machismo y la masculinidad tóxica (con la teoría del 80/20 a la cabeza) o el ansia de venganza ciega de la sociedad ante una injusticia tan grave que ni siquiera pueden concebir.

Porque, en realidad, la serie de Netflix es, más que una serie narrativa, un ensayo sobre la actualidad, un grito de ayuda desesperado y de atención hacia unos padres que quizá tengan que tener una conversación seria con los suyos después de que, especialmente en el mundo anglosajón, ciertos discursos plaguen las redes sociales. Es normal que gran parte del público, acostumbrado a consumir cada noche su dosis de morbo y asesinatos en forma de docureality, crean deducir que tiene que haber algo más: una identidad falsa, un secreto contado en voz baja, un giro que todo lo cambia. Pero el secreto que se desvela al final es el mismo que sabíamos desde el principio: fue Jamie. Por supuesto que fue Jamie.

Vivimos en un mundo audiovisual que necesita sorprendernos siempre, que cree que para mantener la atención precisa de golpes de efecto continuos. Las series compiten contra el eterno scroll de TikTok o las promesas de diversión inmediata de YouTube, y no tienen nada que hacer al respecto, excepto capear el temporal y ser cronistas de nuestro tiempo. Y ahí es donde 'Adolescencia' es capaz de destacar y sobreponerse al resto de propuestas dejando que la reflexión tome su lugar, algo que muchos han agradecido entre la maraña de contenido que nos inunda diariamente... y otros han sentido que les sabía a poco.

Hay quien, incluso, se queja de que la serie no ofrezca un final claro o de que falte el episodio del juicio, y, sinceramente, creo que exigirlo es, directamente, no haber entrado siquiera en la propuesta de 'Adolescencia'. La confesión de Jamie por teléfono a una familia que no puede parar de llorar y que sabe que su vida ha terminado junto con ese "Me voy a declarar culpable" es el final dramático que la serie necesita. Alargarlo en un juicio sería alimentar la narrativa con exactamente aquello que se niega a mostrar durante el resto de episodios: el morbo, el giro, la resolución definitiva, la sorpresa inesperada. Quizá, con suerte, la próxima vez que a alguien le salga un vídeo sobre la pastilla roja se acuerde de Jamie y deslice hacia delante. Entonces el ensayístico desconsuelo de 'Adolescencia' habrá triunfado sobre el simple morbo del true crime.

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La noticia Creo que los true crimes nos han anulado la capacidad de disfrutar una serie sin giros constantes, y 'Adolescencia' es la última prueba de ello fue publicada originalmente en Espinof por Randy Meeks .

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