Ganaderos españoles de Galicia recurren a inmigrantes por falta de trabajadores locales
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Ganaderos españoles de Galicia recurren a inmigrantes por falta de trabajadores locales

Xavier García
Mazaricos (España), 2 abr (EFE).- Las explotaciones ganaderas de la región española de Galicia (noroeste) recurren cada vez más a trabajadores inmigrantes, muchos de ellos procedentes de Latinoamérica, debido a la escasez de personal local dispuesto a trabajar en las granjas.
Por ese motivo, la falta de mano de obra, varias de ellas tuvieron que echar el cierre.
En la ganadería Busto Corzón de Mazaricos (provincia de La Coruña), una de las explotaciones lácteas más grandes de Galicia con cerca de 1.500 vacas, se afanan en ordeñar a los animales una brasileña, un colombiano y un senegalés, mientras que otros empleados gallegos se dedican a labores administrativas.
"Aquí lo que queremos es salir todos para las ciudades y ser funcionarios", contó a EFE uno de los propietarios de la explotación, Manuel Antelo, en referencia a la falta de trabajadores locales.
Cree que en "unos años no muy lejanos va a haber mucha escasez de comida, porque cierran las granjas y no habrá quien produzca alimentos".
La contratación de trabajadores inmigrantes en el sector es una tendencia que se ha acelerado al mismo tiempo que desciende la población rural, algo especialmente acusado entre los jóvenes.
En 1986 había 100.000 granjas dedicadas a la producción láctea en Galicia. Hoy quedan solo 5.000, y la perspectiva es que "la mayoría de titulares de las explotaciones dejen la actividad en los próximos diez años", explica a EFE la secretaria general del Sindicato Labrego Galego (SLG), Isabel Vilalba.
"Tenemos un 70 % de titulares de granjas que tienen más de 55 años y un 48 % con más de 65 años, mientras que el alimento sigue siendo una necesidad básica para la población", advierte Vilalba.
Apunta también, entre las causas del abandono, el "desprestigio histórico de las actividades agrícolas y ganaderas".
Es una opinión con la que coincide Antelo, quien recalca que las granjas cierran "porque no son rentables, se pagan demasiados impuestos, no hay mano de obra, y los hijos no quieren esto porque hay que trabajar 365 días al año".
"El sector primario va a ser una cosa de lujo, de alto estándar, esto pinta muy mal, no hay quien quiera trabajar en el campo", dice.
El ganadero se muestra en cualquier caso "muy satisfecho" con los trabajadores extranjeros, que ordeñan cada día a cerca de 600 vacas. "Hay que enseñarles al principio porque no han vivido esto de pequeños", aunque son "excelentes y muy responsables", reconoce.
Los inmigrantes cobran 1.500 euros (1.620 dólares) al mes por ocho horas diarias de trabajo, con un mes de vacaciones y afiliación a la Seguridad Social.
De Latinoamérica y África
Leire Palatinsky es una brasileña de ascendencia polaca, casada con un chileno, que lleva un año y medio trabajando en la granja de Busto Corzón. Su marido tenía una hermana en Galicia y ambos pensaron que sería "un buen lugar para formar una familia", integrada ya por dos hijos pequeños.
"Es muy tranquilo trabajar con animales. Vivimos al lado y tenemos el colegio y la guardería muy cerquita", dice Palatinsky, que lleva seis años en Galicia. Antes trabajó en una panadería y otra granja.
También lleva seis años en esta región española y año y medio en esta ganadería el colombiano Osvaldo Molina, de 51 años, que llegó desde su país directamente a Galicia después de "averiguar por internet que esta zona era buena para el trabajo".
"Llegué solo, pero ahora ya están mi esposa y mis hijos conmigo. Mientras las fuerzas me aguanten, aquí estaremos", asegura Molina.
El senegalés Lai Urumbe llegó hace cuatro años a España en una barca desde el continente africano, como tantos de sus compatriotas, hasta que se instaló ya de forma legal en Galicia, donde "se vive tranquilo" y "no hay problema con la gente".
"Antes trabajaba en el campo recogiendo fruta, pero esto me gusta más, es una labor bonita producir alimentos", comenta en francés, pues aún no se expresa con soltura en español o en gallego. EFE
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