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Boric y el Sáhara Occidental: Del apoyo a la autodeterminación saharaui a la claudicación

El Ciudadano

Por Esteban Silva Cuadra

La política exterior del gobierno de Gabriel Boric respecto del Sáhara Occidental constituyó una claudicación incoherente con los principios de autodeterminación y derechos humanos que el propio mandatario decía defender.

Mientras Boric apoyaba activamente la causa palestina, su gobierno negó el reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), se negó a recibir a sus representantes diplomáticos, guardó silencio ante las violaciones de derechos humanos cometidas por Marruecos en los territorios ocupados y priorizó los intereses de la monarquía alauí, alineándose con la socialdemocracia europea —específicamente con el gobierno de Pedro Sánchez del PSOE, un gobierno completamente alineado con la monarquía feudal marroquí— y con el eje geopolítico Israel-Emiratos Árabes Unidos-Marruecos, abandonando así la tradición soberana y anticolonialista de la política exterior chilena.

1. Boric y el doble estándar de su política internacional

La política internacional del exPresidente Gabriel Boric, quien se autodefinió desde el comienzo de su mandato como un gobierno progresista defensor y promotor de los derechos humanos en las relaciones internacionales, mostró una total incoherencia, inconsistencia y doble discurso en relación al Sáhara Occidental, territorio no autónomo pendiente de descolonización.

Durante su mandato de gobierno guardó silencio cómplice frente a las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas por Marruecos contra el pueblo saharaui en los territorios ocupados. A pesar de haber sido interpelado desde el comienzo de su gobierno y en varias ocasiones por organizaciones políticas y partidos políticos incluso integrantes de su propia coalición, por movimientos sociales y organizaciones defensoras de derechos humanos, nunca abordó la solicitud de reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ni el establecimiento de relaciones diplomáticas.

Así, su gobierno dio deliberadamente la espalda al derecho a la autodeterminación e independencia del pueblo saharaui en el Sáhara Occidental, principio que él mismo había defendido como diputado y dirigente político antes de asumir la presidencia.

En la práctica, su gobierno validó tácitamente la ocupación ilegal y colonialista de Marruecos sobre el territorio saharaui, priorizando la relación con la monarquía marroquí por sobre el respaldo a la descolonización, a la autodeterminación, a los derechos del pueblo saharaui y al derecho internacional.

Boric conocía del tema antes de ser Presidente, pues como parlamentario había suscrito y apoyado numerosos pronunciamientos denunciando las violaciones de derechos humanos a los saharauis en los territorios ilegalmente ocupados por Marruecos y resoluciones parlamentarias solicitando a los gobernantes de turno reconocer a la RASD y establecer relaciones diplomáticas.

Lo anterior contrasta de manera evidente con la posición que el mismo Gabriel Boric sostuvo durante su gobierno en relación con la ocupación colonial de Palestina, al expresar públicamente su apoyo al derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y denunciando el carácter colonial de la ocupación israelí. Esta diferencia no es menor ni circunstancial: revela una inconsistencia de fondo en su política internacional.

En efecto, mientras en el caso palestino el exPresidente Boric apeló al derecho internacional, a la descolonización y a la defensa de los derechos humanos, en el caso del Sáhara Occidental optó por una posición distinta, negando en la práctica ese mismo derecho al pueblo saharaui frente a la ocupación marroquí.

Se configura así un doble discurso y una doble visión en materia de autodeterminación de los pueblos: por un lado, se reivindica este principio cuando se trata de Palestina; por otro, se omite o se niega cuando se trata del Sáhara Occidental.

No se trata de matices ni de diferencias de contexto, sino de una contradicción política sustantiva respecto de un principio fundamental del derecho internacional contemporáneo. Una política exterior que pretende fundarse en principios no puede aplicarlos de manera selectiva sin erosionar su propia coherencia.

El gobierno de Boric mantuvo silencio en relación con el drama del pueblo saharaui y del Sáhara Occidental en la Comisión de Descolonización. Cada año Chile interviene sobre Palestina y las Malvinas; sin embargo, a diferencia de otros países latinoamericanos miembros del comité, Chile guardó silencio sistemático sobre lo que acontece en un caso de descolonización como el del Sáhara Occidental, inscrito en la agenda del Consejo de Seguridad desde 1963. [^1]

El Sáhara Occidental no es un territorio cualquiera ni una controversia bilateral ordinaria. Se trata de un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización, reconocido como tal por Naciones Unidas, cuyo pueblo posee el derecho inalienable a decidir libremente su destino.

A ello se suma que la República Árabe Saharaui Democrática es Estado miembro pleno de la Unión Africana, lo que otorga a la causa saharaui una dimensión continental africana y jurídica internacional que no puede ser ignorada por una política exterior que dice respetar el derecho internacional. [^16]

2. La demanda de reconocimiento saharaui

El 1 de julio de 2022, más de 200 personas y organizaciones representativas —dirigentes políticos, parlamentarios, académicos, asociaciones de derechos humanos, movimientos sociales— enviaron una carta al exPresidente Boric, solicitando el reconocimiento de la RASD y el establecimiento de relaciones diplomáticas.

La carta enfatizaba el principio de libre determinación y recordaba el compromiso histórico de Chile con la descolonización del Sáhara Occidental, así como la coherencia con su propia historia en foros internacionales. [^2]

Extracto de la carta:

“Excmo. Señor Presidente:

Alentados por los principios que defendió en su campaña presidencial y en base a los cuales fue elegido por la mayoría del pueblo chileno, nos dirigimos a Usted para solicitarle el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros países”.

3. La negativa del gobierno de Boric y la decisión política de no reconocer a la RASD

Cinco meses después, la Cancillería chilena respondió en nombre del exPresidente Boric, mediante el Director de Atención Ciudadana y Transparencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, comunicando formalmente la posición del Estado de Chile. En dicha respuesta se señala textualmente:

“Por especial encargo de Su Excelencia, el Presidente de la República, se acusa recibo de su presentación, de fecha 30 de junio de 2022, la que fuera remitida a este Ministerio de Relaciones Exteriores por el Departamento de Gestión Ciudadana de la Presidencia de la República.

Respecto a su presentación se puede informar que consultada la Secretaría General de Política Exterior, de esta Secretaría de Estado, ha señalado que la posición de Chile sobre la situación del Sahara Occidental ha sido siempre clara e invariable a lo largo de los años y se sustenta en los principios fundamentales de nuestra política exterior, la cual sostiene que los conflictos deben ser resueltos de manera pacífica y mediante mecanismos de solución de controversias establecidos por Naciones Unidas y de conformidad al Derecho Internacional.

En este sentido, se reafirma que Chile no reconoce a la República Árabe de Sahara (RASD). No obstante, nuestro país ha hecho esfuerzos conducentes a persuadir a las partes en conflicto a llegar a un arreglo pacífico, auspiciado directamente por Naciones Unidas, tanto en la Asamblea General como en el Consejo de Seguridad”. [^3]

La afirmación del funcionario de la Cancillería, formulada en su respuesta en nombre del Presidente, es completamente falsa.

No consta que el gobierno de Boric haya establecido ningún contacto con la otra parte del conflicto, el Frente Polisario. Es más, su gobierno se negó constantemente a recibirlos, lo que demuestra que los pronunciamientos de su Cancillería terminaron reflejando la posición de una sola de las partes y asumiéndola como posición de Chile.

A diferencia del gobierno de Boric, todos los gobiernos anteriores —Aylwin, Frei, Lagos, Piñera y Bachelet— mantuvieron algún tipo de interlocución regular con el Frente Polisario y con embajadores y enviados especiales de la RASD.

En la práctica, esta respuesta fue explícita en señalar que Chile no reconocería a la RASD, y se negó además a concretar la audiencia acordada con los firmantes de la carta.

Esta respuesta, tardía, insuficiente y políticamente reveladora, no fue administrativa, sino una decisión política consciente, que evidenció la voluntad del exPresidente Boric de no actuar conforme a los principios de autodeterminación que él mismo había defendido previamente.

En cierto modo, la respuesta fue clara: no reconocería a la RASD, evadiendo deliberadamente la solicitud y negándose a concretar la audiencia acordada con los firmantes de la carta.

4. Conversación en Bruselas: promesa incumplida

El 16 de julio de 2023, en la Grande Place de Bruselas, me encontré con el Presidente Gabriel Boric. El Presidente se encontraba en Bélgica para asistir a la III Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado CELAC–UE (17–18 de julio de 2023), mientras que nosotros asistíamos a la Cumbre de los pueblos CELAC-UE que se realiza en paralelo a la Cumbre oficial en la Universidad Libre de Bruselas. [^4]

Aproveché la inesperada oportunidad que se me presentó para pedirle me escuchara unos minutos y preguntarle directamente si había leído la carta plural de julio de 2022 solicitando el reconocimiento de la RASD.

En respuesta me manifestó que no la había leído, señalándome que “no había visto personalmente el tema”. Incluso me dijo ambiguamente que “creía recordar que había llegado un mensaje de parte de Sergio Aguiló sobre el tema” (Aguiló, exdiputado PS y actualmente vicepresidente de la Asociación Chilena de Amistad con la RASD).

Ante lo que me señaló Boric, le insistí en la necesidad que tomara él personalmente una decisión en su calidad de Jefe de Estado pues era su prerrogativa y que no la delegara. Le comenté brevemente que la respuesta que habíamos recibido en su nombre por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores era un retroceso incluso respecto de las posiciones sobre el tema del Sáhara Occidental que había tenido el gobierno anterior de la derecha con Sebastián Piñera.

Le pedí finalmente que si podía recibir a un grupo representativo de los firmantes de la carta para explicarle nuestros fundamentos. Me dijo que sí, que no tendría ningún problema en recibirnos. Finalmente tomé una fotografía selfie del encuentro entre el Presidente Boric y yo y mientras tomaba el selfie le señalé que la foto la publicaría el día que el Presidente anunciase el reconocimiento de Chile a la RASD o para contar la historia si es que no se producía el reconocimiento.

Al llegar a mi hotel llamé al exdiputado Sergio Aguiló y le relaté el encuentro con el Presidente Boric. Quedamos de redactar una solicitud de audiencia explicando sobre el encuentro con el Presidente y su aquiescencia de recibir a una delegación de los firmantes de la carta dirigida al Jefe de Estado, pidiéndole el reconocimiento de la RASD.

Le escribimos al jefe de gabinete del Presidente, Carlos Durán, quien nos respondió que la transmitiría al Presidente y verían el tema de la audiencia. Hasta la fecha del término de su mandato de 2026 —es decir, a más de dos años y medio de aquel encuentro— nunca tuvimos respuesta a nuestra solicitud de audiencia, pese a haber sido conversada directamente con el propio mandatario en una calle del centro histórico de Bruselas.

En cierto modo, la respuesta fue clara: por la negativa de la Cancillería en su nombre y por su decisión de no concretar la audiencia acordada.

En marzo de 2023, la Embajada de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en México remitió formalmente, mediante el oficio N° EMB/MX/071/2023, una solicitud dirigida a la Cancillería chilena para que el embajador Mohamed Zrug, encargado para América Latina y el Caribe del Ministerio de Asuntos Exteriores de la RASD y dirigente del Frente Polisario, fuese recibido durante su visita oficial a Santiago de Chile. La solicitud fue transmitida a través de la entonces embajadora de Chile en México, Beatriz Sánchez, excandidata presidencial del Frente Amplio y actual senadora de la República. [^6]

El embajador Mohamed Zrug visitó Chile entre los días 24 y 29 de marzo de 2023, invitado por la Asociación Chilena de Amistad con la RASD, con el propósito de sostener reuniones con parlamentarios, alcaldes, dirigentes políticos y sociales, representantes académicos y medios de comunicación.

Sin embargo, pese a las reiteradas gestiones realizadas por vías diplomáticas y políticas, la Subsecretaría de Relaciones Exteriores encabezada por Gloria de la Fuente evitó deliberadamente responder de manera formal a la solicitud de audiencia.

La situación se prolongó durante varios días sin respuesta oficial, evidenciando una demora política y administrativa injustificable. Sólo ante la insistencia directa de Esteban Silva Cuadra, presidente de la Asociación Chilena de Amistad con la RASD, el entonces embajador Juan Pino, director de la División de Medio Oriente y África de la Cancillería chilena, me comunicó informalmente —a mi insistencia— que el representante saharaui “no sería recibido” bajo el argumento de que “Chile no mantiene relaciones diplomáticas con la RASD”. [^7]

Tal decisión constituyó un grave precedente en la política exterior de Boric. Durante todos los gobiernos posteriores al fin de la dictadura, incluyendo administraciones de distinto signo político, los representantes del Frente Polisario y de la República Saharaui habían sido siempre recibidos y escuchados por autoridades de la Cancillería chilena, independientemente de que Chile no hubiese formalizado relaciones diplomáticas con la RASD.

La negativa del gobierno de Gabriel Boric a recibir al embajador Mohamed Zrug no sólo rompió con una práctica histórica de diálogo político y diplomático, sino que además reveló una preocupante señal de alineamiento con la política marroquí de bloqueo y exclusión de la representación saharaui.

Ello resulta particularmente grave considerando que el Frente Polisario es reconocido por Naciones Unidas como representante legítimo del pueblo saharaui en el proceso de descolonización inconcluso del Sáhara Occidental.

Más aún, la decisión de negarse siquiera a establecer un canal de diálogo contradice la propia posición histórica del Estado chileno respecto al derecho internacional y al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

La Cancillería chilena, aunque no reconoce formalmente a la RASD, tampoco reconoce la anexión marroquí del Sáhara Occidental ni la pretensión de imponer unilateralmente una solución colonial sobre un territorio pendiente de descolonización definido como tal por Naciones Unidas.

La actitud asumida por la Subsecretaría de Relaciones Exteriores durante la visita del embajador Mohamed Zrug evidenció, en los hechos, un giro político regresivo y una señal de subordinación frente a presiones externas, afectando la tradición chilena de apertura al diálogo con las partes involucradas en conflictos internacionales de descolonización y autodeterminación.

5. Selectividad y doble discurso en la defensa internacional de los derechos humanos

La política internacional del exPresidente Boric se caracterizó por derechos humanos selectivos, doble discurso e incoherencia, al mantener silencio frente a las violaciones sistemáticas de Marruecos sobre el pueblo saharaui.

Mientras denunciaba con fuerza otras situaciones internacionales, particularmente Palestina, evitó asumir una posición coherente respecto del Sáhara Occidental, pese a tratarse igualmente de un caso de ocupación, colonización y negación del derecho a la autodeterminación de un pueblo reconocido por Naciones Unidas.

Esta selectividad terminó vaciando de coherencia el discurso internacional de su gobierno en materia de derechos humanos y autodeterminación.

Resulta particularmente significativo que mientras el gobierno de Boric reivindicaba el derecho internacional para denunciar la ocupación israelí de Palestina, evitara referirse al carácter colonial de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental. En ambos casos se trata de pueblos sometidos a ocupación, desposesión territorial y negación de derechos nacionales. Sin embargo, el estándar aplicado por La Moneda fue distinto.

La contradicción se hizo aún más evidente si se considera que Naciones Unidas continúa considerando al Sáhara Occidental como un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización y que la República Árabe Saharaui Democrática es miembro pleno de la Unión Africana. [^16] No se trataba, por tanto, de un conflicto marginal o desconocido, sino de uno de los procesos de descolonización inconclusos más relevantes de nuestro tiempo.

La negativa a reconocer la RASD, la negativa a recibir a sus representantes diplomáticos y el silencio sistemático frente a las violaciones de derechos humanos cometidas por Marruecos terminaron configurando una política exterior marcada por la selectividad y la inconsistencia.

6. Gobiernos progresistas y anticolonialismo: Petro versus Boric

El Presidente de Colombia, Gustavo Petro, adoptó una posición progresista, soberana y coherente con el derecho internacional, restableciendo relaciones diplomáticas con la RASD a los 3 días de asumir su gobierno. [^5]

El exPresidente Boric, en cambio, ignoró las solicitudes que le formularon los movimientos sociales, políticos y ciudadanos que le solicitaron reconocer a la RASD, y se alineó con las cúpulas de la socialdemocracia europea otanista que niega el derecho a la autodeterminación e independencia al pueblo saharaui, alejándose de una visión latinoamericana y caribeña de descolonización.

El contraste entre ambos gobiernos resulta particularmente ilustrativo. Mientras Petro restableció las relaciones diplomáticas entre Colombia y la República Saharaui y reafirmó el respaldo al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, el gobierno de Boric optó por mantener total distancia respecto de la causa saharaui y por profundizar sus relaciones unilateralmente con el ocupante colonial del Sáhara Occidental.

El exPresidente Boric, además, se alineó con la política exterior del gobierno español encabezado por Pedro Sánchez y el PSOE, subordinando su política internacional a la posición europea sobre el Sáhara Occidental. Este alineamiento adquirió mayor relevancia después del giro adoptado por Pedro Sánchez en marzo de 2022, cuando el gobierno español abandonó la posición histórica de neutralidad activa respecto del Sáhara Occidental y respaldó públicamente la propuesta marroquí de autonomía.

Ese cambio fue ampliamente criticado por fuerzas democráticas españolas, por organizaciones de solidaridad con el pueblo saharaui y por la propia izquierda española, que denunciaron una ruptura con el derecho internacional y con las resoluciones de Naciones Unidas.

Aunque el gobierno chileno nunca respaldó formalmente la propuesta marroquí de autonomía, terminó coincidiendo políticamente con el nuevo posicionamiento del gobierno español al negarse a reconocer a la RASD y al mantener una política de acercamiento creciente hacia Marruecos.

Esta subordinación implicó abandonar una posición doctrinaria y soberana frente a un caso de descolonización pendiente y asumir, en la práctica, los equilibrios políticos de la socialdemocracia europea, más cercana a la posición de Marruecos que al derecho inalienable del pueblo saharaui a decidir libremente su destino.

7. El gobierno se alinea con Marruecos

En Chile no hubo evasión del tema: hubo una decisión política de alineamiento con Marruecos, priorizando la relación con la monarquía marroquí. El gobierno de Boric terminó adoptando una política funcional a los intereses diplomáticos marroquíes, alejándose de las posiciones históricas de Chile sobre autodeterminación y descolonización.

Esa orientación fue promovida desde sectores de la Cancillería y desde grupos parlamentarios vinculados a redes de lobby promarroquí. [^17]

Entre quienes han desempeñado un papel destacado en la defensa, promoción y lobby al servicio de los intereses marroquíes en Chile figuran dirigentes y parlamentarios de distintas corrientes políticas, entre ellos podemos destacar a Guido Girardi, Francisco Chahuán, Ignacio Walker, Ximena Rincón, Jaime Quintana, Manuel José Ossandón, Iván Moreira, Sergio Gahona, Tomás de Rementería, Yasna Provoste, Vlado Mirosevic, Catalina del Real, Juan Antonio Coloma, Fidel Espinoza y los exdiputados Roberto León y Jorge Tarud, entre otros, dirigentes que han participado en múltiples viajes y actividades organizadas y financiadas por organismos vinculados al régimen marroquí y a la monarquía. [^8]

Asimismo, debe destacarse el papel desempeñado por Osvaldo Andrade, expresidente del Partido Socialista de Chile, quien en su momento apoyó la causa saharaui, pero luego de un completo viraje, en la actualidad respalda la ocupación colonial del Sahara Occidental y ejerce como cónsul honorario del Reino de Marruecos en Rancagua, cargo oficialmente reconocido por el Estado chileno. [^11]

La existencia de estas redes de influencia no constituye un fenómeno aislado. Forma parte de una estrategia internacional desplegada por Marruecos para obtener apoyos políticos, parlamentarios y mediáticos destinados a legitimar la ocupación del Sáhara Occidental y a debilitar la solidaridad internacional con el pueblo saharaui y el reconocimiento de la República Saharaui.

8. Normalizar en Chile la ocupación del Sáhara Occidental

Durante su gobierno, ministros y parlamentarios de su coalición, junto a sectores de derecha, viajaron a Marruecos e incluso a territorios saharauis ocupados, contribuyendo a legitimar la ocupación ilegal del Sáhara Occidental.

Estos viajes no pueden ser leídos como simples gestos protocolares ni como actividades diplomáticas ordinarias. En el contexto de un territorio pendiente de descolonización, inscrito en la agenda de Naciones Unidas, toda visita política a ciudades saharauis bajo ocupación marroquí opera, en los hechos, como un acto de normalización de la presencia colonial de Marruecos.

Entre los nombres asociados a estas actividades figuran Karol Cariola, Francisco Chahuán, Ximena Rincón, Ignacio Walker, Jaime Quintana, Manuel José Ossandón y Fidel Espinoza. [^9]

Particularmente controvertido fue el caso del parlamentario socialista Fidel Espinoza, cuyo viaje a Marruecos fue objeto de cuestionamientos públicos y reportajes periodísticos que denunciaron la existencia de invitaciones financiadas y actividades organizadas por organismos vinculados al régimen marroquí. [^10]

Asimismo, diversas denuncias públicas formularon críticas a la utilización de espacios parlamentarios regionales y latinoamericanos para promover posiciones favorables a Marruecos en detrimento del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. [^10]

La gravedad de estos viajes radica precisamente en que fueron realizados por autoridades y representantes políticos chilenos mientras el gobierno de Boric se negaba a recibir al Frente Polisario, representante legítimo del pueblo saharaui, y mientras la Cancillería afirmaba mantener una supuesta posición equilibrada.

En la práctica, esa conducta desmintió cualquier neutralidad: se escuchó, se visitó y se legitimó a una de las partes, mientras se silenció y se excluyó a la otra. Así, el alineamiento con Marruecos no fue solo discursivo ni administrativo. Se expresó en hechos concretos, en viajes, reuniones, fotografías, declaraciones y vínculos políticos que terminaron favoreciendo la estrategia marroquí de presentar como “normal” su ocupación del Sáhara Occidental.

En consecuencia, esos desplazamientos de ministros y parlamentarios chilenos a Marruecos y a territorios ocupados deben ser entendidos como parte de una operación política mayor: la legitimación internacional de una ocupación colonialista que el derecho internacional no reconoce como soberanía marroquí.

9. La señal de apoyo al ocupante marroquí de Boric en la Pampilla

El alineamiento político del gobierno de Boric con Marruecos no solo se expresó en decisiones diplomáticas, respuestas de Cancillería o viajes de parlamentarios y autoridades chilenas a Marruecos y a territorios saharauis ocupados. También se manifestó mediante gestos simbólicos de alto contenido político.

Uno de los más significativos ocurrió en septiembre de 2025, durante la inauguración oficial de las fondas de Fiestas Patrias en la Pampilla (Coquimbo), cuando el exPresidente Boric apareció acompañado por la embajadora del Reino de Marruecos en Chile.

Como fue denunciado públicamente por Nicolás Romero Reeves en la revista De Frente, “el Presidente Gabriel Boric cortó la cinta acompañado de la embajadora de Marruecos en Chile” y “apareció inaugurando la principal fiesta popular del país codo a codo con la representante diplomática de la monarquía marroquí”. [^12]

Aquella imagen fue ampliamente difundida y no pasó inadvertida para quienes siguen la situación del Sáhara Occidental ni para quienes observan la creciente ofensiva diplomática de Marruecos en América Latina.

La Pampilla de Coquimbo no constituye un acto diplomático cualquiera. Se trata de una de las celebraciones populares más importantes de Chile, una expresión de identidad republicana, popular y nacional. La presencia destacada de la embajadora marroquí junto al Presidente de la República en una ceremonia de esa naturaleza proyectó una señal política inequívoca de cercanía y legitimación.

Lo relevante no fue únicamente la presencia de la embajadora, sino el contexto político en que esta se produjo. A esa fecha, el gobierno de Boric ya había rechazado reconocer a la República Saharaui, había evitado recibir formalmente a representantes del Frente Polisario, había negado audiencia a quienes solicitaban el reconocimiento de la RASD y había mantenido silencio frente a las denuncias de violaciones a los derechos humanos cometidas por Marruecos en los territorios ocupados del Sáhara Occidental.

Desde esa perspectiva, la imagen adquirió una significación política evidente. No era una fotografía neutra. Era la expresión pública de una orientación diplomática que ya venía consolidándose.

La crítica formulada por Nicolás Romero Reeves apuntó precisamente a esa contradicción. Resultaba paradójico que un gobierno que afirmaba sostener una política internacional basada en los derechos humanos apareciera otorgando una visibilidad privilegiada a la representante diplomática de una monarquía que mantiene la ocupación de un territorio considerado por Naciones Unidas como Territorio No Autónomo pendiente de descolonización. [^16]

Desde la perspectiva de quienes apoyan la causa saharaui, aquella imagen constituyó una señal política particularmente negativa. Mientras el pueblo saharaui seguía esperando el ejercicio de su derecho a la autodeterminación, el gobierno chileno parecía optar por fortalecer simbólicamente su relación con la potencia ocupante.

La escena adquiría todavía mayor relevancia si se considera que Marruecos ha desarrollado durante años una intensa estrategia internacional destinada a normalizar la ocupación del Sáhara Occidental y a presentar como legítima una situación que Naciones Unidas continúa considerando un proceso inconcluso de descolonización.

Por ello, la imagen de la Pampilla fue percibida como algo mucho más profundo que una actividad protocolar. Constituyó la expresión simbólica de una política exterior que había decidido privilegiar la relación con Marruecos antes que la defensa consecuente del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

10. La geopolítica del doble discurso: Boric, Emiratos Árabes Unidos y el eje Israel–Marruecos

Como Presidente de la República, Gabriel Boric realizó en julio de 2024 su única visita oficial a un país árabe del Golfo: Emiratos Árabes Unidos (EAU), convirtiéndose además en el primer Jefe de Estado chileno en efectuar una visita oficial a dicha monarquía. [^13]

Aquella decisión no fue casual ni meramente protocolar. Fue plenamente coherente con las contradicciones y el doble estándar que marcaron su política exterior. Los Emiratos Árabes Unidos constituyen uno de los principales aliados estratégicos del gobierno de Israel y, simultáneamente, uno de los más importantes sostenes políticos, diplomáticos y económicos de la monarquía marroquí en su ocupación del Sáhara Occidental.

La consolidación de este eje político y geoestratégico se produjo especialmente a partir de los Acuerdos de Abraham impulsados por Estados Unidos en 2020. Dichos acuerdos fortalecieron simultáneamente la normalización entre Israel y diversas monarquías árabes, entre ellas Emiratos Árabes Unidos y Marruecos.

La ocupación israelí de Palestina y la ocupación marroquí del Sáhara Occidental comenzaron así a articularse dentro de un mismo marco de alianzas geopolíticas promovidas por Washington.

En la delegación empresarial y parlamentaria invitada por Boric destacaban algunos de los más activos promotores de las posiciones marroquíes en Chile. Entre ellos figuraban Francisco Chahuán, Yasna Provoste y Guido Girardi. [^17]

Particular relevancia tuvo posteriormente la realización del denominado Congreso Futuro Chile–Marruecos en Rabat. Dicha iniciativa reunió a dirigentes políticos, parlamentarios y representantes institucionales chilenos en una actividad financiada por la monarquía marroquí y destinada a fortalecer vínculos políticos y académicos con Marruecos. [^14]

Estos hechos reforzaron la percepción de que el acercamiento entre Chile y Marruecos durante el gobierno de Boric no obedecía únicamente a consideraciones diplomáticas tradicionales, sino también a una estrategia más amplia de inserción internacional asociada a determinados equilibrios geopolíticos.

Resulta legítimo preguntarse por qué un gobierno que afirmaba defender los derechos humanos sin excepciones escogió precisamente una monarquía autoritaria del Golfo como principal interlocutor árabe y fortaleció simultáneamente relaciones con uno de los principales sostenes internacionales de la ocupación marroquí del Sáhara Occidental.

11. La carta ignorada

En marzo de 2025, treinta y siete organizaciones de derechos humanos, solidaridad internacional, movimientos sociales y organizaciones políticas, junto a más de un centenar de personalidades, académicos, dirigentes sociales, exparlamentarios y exembajadores, dirigieron una nueva carta al Presidente Gabriel Boric. [^15]

La carta reiteró la solicitud formulada en 2022 y recordó los fundamentos jurídicos que sustentan el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación. Los firmantes recordaron las resoluciones de Naciones Unidas, el dictamen consultivo de la Corte Internacional de Justicia de 1975 y el carácter del Sáhara Occidental como territorio pendiente de descolonización.

Asimismo, destacaron que la República Árabe Saharaui Democrática es miembro pleno de la Unión Africana y que más de 40 países mantienen relaciones diplomáticas con ella. [^16]

La solicitud fue clara: reconocer a la República Saharaui y establecer relaciones diplomáticas.

No hubo respuesta.

No respondió el Presidente.

No respondió el Canciller.

No respondió la Subsecretaría de Relaciones Exteriores.

No respondió ningún organismo del Estado.

El silencio terminó convirtiéndose en una decisión política.

12. El silencio como política de Estado

El exPresidente Boric concluyó su mandato el 11 de marzo de 2026. Lo hizo sin haber respondido la carta enviada en 2025. Lo hizo sin que nadie de su gobierno recibiera oficialmente al Frente Polisario. Lo hizo sin haber corregido la negativa de su Cancillería realizada en su nombre frente a la solicitud de reconocimiento de la RASD. Lo hizo sin haber dado explicación alguna respecto de la exclusión diplomática sufrida por el embajador Mohamed Zrug durante su visita a Chile.

Ese silencio no fue administrativo. Fue político. Representó la confirmación definitiva de una orientación diplomática sesgada y conservadora que había sido sostenida durante todo su mandato.

13. Un gobierno de continuidad en lo nacional e internacional

Como ha señalado Luis Mesina, dirigente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No Más AFP, el gobierno de Gabriel Boric terminó caracterizándose por una profunda continuidad con aspectos sustantivos del modelo político, económico e institucional heredado.

Mesina sostuvo que “más allá de la retórica, el período 2022-2026 fue de continuidad absoluta” y que el gobierno terminó renunciando a cualquier posibilidad transformadora significativa. [^18]

La política hacia el Sáhara Occidental constituye una expresión particularmente clara de esa lógica. En lugar de avanzar hacia una política exterior soberana y basada en principios, el gobierno optó por mantener equilibrios tradicionales y evitar decisiones que pudieran incomodar a determinados actores diplomáticos.

La renuncia a reconocer a la RASD, la negativa a recibir a sus representantes y el acercamiento creciente a Marruecos expresaron esa misma tendencia.

La continuidad denunciada por Mesina también se manifestó en el ámbito internacional: continuidad con una diplomacia cautelosa frente a los poderes establecidos, continuidad con una visión selectiva de los derechos humanos y continuidad con una política exterior cada vez más subordinada a alineamientos externos.

La causa saharaui se convirtió así en un ejemplo concreto de esa contradicción entre discurso transformador y práctica gubernamental.

14. La renuncia a una política soberana

Cuando un gobierno renuncia a principios que dice defender, compromete no sólo su coherencia internacional sino también su credibilidad política e histórica. Y cuando un gobierno que se presenta como progresista abandona la defensa de la autodeterminación de los pueblos, la contradicción resulta aún más evidente.

El gobierno de Boric terminó alejándose de la tradición histórica de Chile en materia de descolonización y autodeterminación. La posición asumida respecto del Sáhara Occidental no expresó la continuidad de una política de principios, sino el predominio de intereses, influencias, frecuentes viajes con todo pagado y presiones que favorecieron la aproximación a la monarquía marroquí.

En este proceso desempeñaron un papel relevante distintos operadores políticos, parlamentarios y promotores de las posiciones marroquíes en Chile en contra de la justa lucha por la autodeterminación e independencia saharaui, entre ellos Guido Girardi, Jorge Tarud, Francisco Chahuán, Ignacio Walker, Iván Moreira, Ximena Rincón, Jaime Quintana, Manuel José Ossandón, Fidel Espinoza, Tomás de Rementería, Isabel Allende, Jaime Naranjo, y el hasta hoy cónsul honorario de la monarquía colonialista y represiva marroquí y exdiputado Osvaldo Andrade, entre otros. [^11] [^17]

Asimismo, diversas organizaciones y plataformas de influencia promovieron sistemáticamente narrativas favorables a Marruecos y hostiles al Frente Polisario y a la República Saharaui.

La consecuencia política de ese proceso fue evidente: Chile terminó alejándose de una posición coherente con el derecho internacional y con la causa de la autodeterminación del pueblo saharaui.

Cuando se abandona la defensa de la descolonización y de la autodeterminación de los pueblos, se abandona también la posibilidad de construir una política exterior verdaderamente soberana, latinoamericana, anticolonial y consecuente con los principios que se proclaman.

Y cuando se abandona al Sáhara Occidental —última colonia de África—, también se abandona una política exterior soberana, progresista y anticolonial. Se abandona la coherencia histórica de Chile con los pueblos que luchan por su independencia, se abandona la solidaridad internacionalista y se abdica, en los hechos, de una visión latinoamericana y caribeña fundada en la dignidad, la autodeterminación y la justicia de los pueblos.

Esteban Silva

NOTAS

[^1]: Intervenciones anuales de Chile ante Naciones Unidas sobre Palestina y las Islas Malvinas y ausencia de pronunciamientos oficiales sobre el Sáhara Occidental en la Comisión Especial de Descolonización de Naciones Unidas (C-24), pese a tratarse de un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización inscrito en la agenda de la ONU desde 1963.

[^2]: Carta dirigida al Presidente Gabriel Boric por más de 200 personalidades y organizaciones chilenas —entre ellas parlamentarios, académicos, dirigentes sociales, defensores de derechos humanos, intelectuales y movimientos sociales— solicitando el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y el establecimiento de relaciones diplomáticas, 1 de julio de 2022.

[^3]: Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, carta firmada por Felipe Rodríguez Castro, Director de Atención Ciudadana y Transparencia, Santiago de Chile, 21 de noviembre de 2022, respondiendo en nombre del Presidente Gabriel Boric a la solicitud de reconocimiento de la RASD.

[^4]: III Cumbre CELAC–UE, Bruselas, Bélgica, 17 y 18 de julio de 2023, y Cumbre de los Pueblos CELAC–UE realizada paralelamente en la Universidad Libre de Bruselas. Encuentro sostenido por Esteban Silva Cuadra con el Presidente Gabriel Boric en la Grande Place de Bruselas el 16 de julio de 2023.

[^5]: Restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la República de Colombia y la República Árabe Saharaui Democrática bajo el gobierno del Presidente Gustavo Petro, agosto de 2022.

[^6]: Solicitud de Acceso a la Información Pública presentada ante la Subsecretaría de Relaciones Exteriores de Chile (Código AC001T0005084), relativa a la solicitud de audiencia del embajador Mohamed Zrug, representante para América Latina y el Caribe de la RASD, durante su visita oficial a Chile en marzo de 2023. Oficio EMB/MX/071/2023 remitido por la Embajada de la RASD en México.

[^7]: Negativa de la Cancillería chilena, encabezada por la Subsecretaria Gloria de la Fuente, a recibir oficialmente al embajador Mohamed Zrug durante su visita a Chile. Comunicación informal realizada por Juan Pino, Director de Medio Oriente y África de la Cancillería, señalando que el representante saharaui no sería recibido por no existir relaciones diplomáticas entre Chile y la RASD.

[^8]: Participación de autoridades chilenas en actividades organizadas o financiadas por instituciones vinculadas al Reino de Marruecos, incluyendo actividades asociadas al denominado Congreso Futuro Chile–Marruecos y otras iniciativas desarrolladas en Rabat y en territorios saharauis ocupados.

[^9]: Visitas de Karol Cariola, Francisco Chahuán, Ximena Rincón, Ignacio Walker, Jaime Quintana, Manuel José Ossandón, Fidel Espinoza y otros parlamentarios y dirigentes políticos chilenos a Marruecos y a ciudades del Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí, incluyendo Dajla y El Aaiún. Declaraciones públicas y denuncias realizadas por Esteban Silva Cuadra y organizaciones de solidaridad con el pueblo saharaui respecto de dichas visitas.

[^10]: Radio Universidad de Chile, “El controvertido viaje del diputado Fidel Espinoza a Marruecos”, 12 de febrero de 2018. Véase también: “Injerencia indebida de Marruecos lesiona soberanía del Parlamento Andino”, El Clarín de Chile, 30 de junio de 2022.

[^11]: Osvaldo Andrade Lara, expresidente del Partido Socialista de Chile, designado Cónsul Honorario del Reino de Marruecos en Rancagua. Registro oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile correspondiente a los consulados honorarios acreditados en el país.

[^12]: Nicolás Romero Reeves, “Boric ensucia la bandera inaugurando en la Pampilla junto a la embajadora de Marruecos mientras el pueblo saharaui sigue ocupado”, Revista De Frente, 18 de septiembre de 2025. Véanse también las declaraciones y publicaciones de Esteban Silva Cuadra cuestionando el significado político de dicha actividad.

[^13]: “Presidente de la República, Gabriel Boric Font, realiza Visita Oficial a Emiratos Árabes Unidos con foco en inversión y crecimiento económico”, Presidencia de Chile, julio de 2024.

[^14]: “Congreso Futuro Chile–Marruecos: Encuentro internacional de ciencia y tecnología abordará respuestas locales a desafíos globales”, Tiempo21, diciembre de 2024. Participación de Guido Girardi y delegaciones políticas chilenas en actividades desarrolladas en Rabat con financiamiento de instituciones marroquíes.

[^15]: Carta dirigida al Presidente Gabriel Boric en marzo de 2025 por 37 organizaciones y más de 100 personalidades chilenas solicitando nuevamente el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Chile y la República Saharaui.

[^16]: La República Árabe Saharaui Democrática es miembro fundador y pleno de la Unión Africana desde 1984. Naciones Unidas continúa considerando al Sáhara Occidental como un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización y reconoce al Frente Polisario como representante legítimo del pueblo saharaui en el proceso político auspiciado por la ONU.

[^17]: Sobre las redes de influencia política y parlamentaria promarroquíes en Chile, véanse antecedentes relativos a Guido Girardi, Francisco Chahuán, Fidel Espinoza, Ignacio Walker, Jaime Quintana, Ximena Rincón, Manuel José Ossandón, Osvaldo Andrade y otros dirigentes que han participado en actividades organizadas o financiadas por instituciones vinculadas al Reino de Marruecos.

[^18]: Luis Mesina, “El espejismo del legado: un balance mentiroso”, Le Monde Diplomatique Chile, balance crítico del gobierno de Gabriel Boric y de las continuidades políticas, económicas e institucionales del período 2022–2026.

La entrada Boric y el Sáhara Occidental: Del apoyo a la autodeterminación saharaui a la claudicación se publicó primero en El Ciudadano.

Junio 26, 2026 • 1 hora atrás por: ElCiudadano.cl 39 visitas 2236652

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