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Chile sin paracaídas

El Ciudadano

Por Pablo Varas

Se dice que el cajón de las mentiras tiene doble fondo.

La corrupción en el país se viene arrastrando desde hace bastante tiempo, mucho antes del famoso MOP-Gate. La opinión pública sostenía que los ladrones y sarracenos sólo eran los políticos, esa es sencillamente la mitad de la verdad. Los tramposos habitan actualmente en bancos, regimientos, congreso, jueces, todas las esquinas del país tiene su ruco con corruptos.

Es cierto que los favores por dinero o la dádiva de un peldaño para llegar un poco más arriba viene desde los tiempos del imperio romano, lo que confirma que el sistema democrático en Chile no es lo suficientemente sólido para enfrentarla. Han pasado muchos años desde el noventa.

La corrupción es como esas enfermedades que están pero que no duelen. Avanzan sin hacer ruido, van silenciosamente trabajando, en algunos casos llevan a la muerte y en otros un lugar en las poltronas del Congreso. No se puede excluir tampoco a católicos y evangélicos, en estos casos con dinero y con delitos sexuales no los salva ni el rey de reyes ni el de la cruz.

Los vendidos se defienden sosteniendo que aportarán toda la información que los tribunales requieran mostrando hoja en blanco. También renuncian a sus partidos para dedicarse a la defensa y salvar su honor, mientras entran a los tribunales para salir convertidos en sujetos de interés.

Se deja constancia que Lavín y Délano dejaron por escrito que ellos daban trabajo a los chilenos y eso es verdad. Financiaban campañas políticas para que malolientes sean pagados con dineros fiscales por cuatro y también por seis años. Alí Babá tiene un largo listado en bandeja de plata para pedirle favores que necesita. Es imposible olvidarse de la ley de pesca de Longueira.

Decir que no soy es difícil de sostener.

Un asunto es quedarse con el vuelto del pan y otra muy diferente es aquella donde el robo tiene guante blanco y poder.

Democracia Viva fue sin lugar a duda un golpe muy duro para los que desde la calle llegaron a la casa de los presidentes. Sus tres primeros diputados rompieron lanzas prometiendo que no compartirían asiento ante la eventualidad de alguna señal de corrupción. La derecha, también corrupta, los maltrató hasta que le dio ganas.

El tango cambalache de Enrique Santos Discépolo tenía nuevamente razón.

Un asunto es quedarse con el vuelto del pan y otra muy diferente es aquella donde el robo tiene guante blanco y poder. La suma de ambos es la impunidad con la que trabaja el ladrón. En Chile a muchos ladrones se les saluda con un seco ruido de botas y con saludo militar. Una explicación se hace necesaria para poder entender por qué la familia Pinochet -que tiene deudas por algo así como 16 millones de dólares- no ha sido embargada, pero sí muchas víctimas el CAE.

Sin ser 19 de septiembre todos los chilenos han visto a los excomandantes en jefe del Ejército desfilar rumbo a los tribunales para intentar explicar dineros desaparecidos de los fondos reservados, pasajes de avión, compra de mobiliario para sus segundas habitaciones, alguna colita por una compra no menor con dineros fiscales. Finalmente, aquellos que prometieron dar la vida si fuera necesario también son mortales, no cayeron del cielo.

Este asunto de podridos se hace más complejo cuando se instaló especialmente en el Congreso. Todos quisiéramos tener un amigo que te regale un millón 700 mil pesos sencillamente porque te quiere. Lo extraño es que el benefactor no es conocido por los beneficiados, en este caso Ignacio Walker, ex PDC y senador de la república.

Los responsables de que un país funcione medianamente son sus tres poderes, que, en una suma sencilla, dan forma al Estado de Derecho; sin ellos todo sería una caída libre sin paracaídas. Chile, un país quebrado, fue un cuento primario escrito y vociferado por primates, algo así como el viejo del saco que tenía anunciada su visita.

La derecha se niega y resiste, pero la puerta giratoria que funciona desde las 9:00 a las 14:00 posibilita que el crimen organizado los haya convertido en los juegos Diana con música de carnaval.

Los bancos, que se reproducen como si de un mercado informal se tratara, no han quedado limpios. Ese oficio de comprar dinero barato y venderlo caro también es parte de la lista que viene desde mucho. Nada más evidente que el Mercader de Venecia. La derecha se niega y resiste, pero la puerta giratoria que funciona desde las 9:00 a las 14:00 posibilita que el crimen organizado los haya convertido en los juegos Diana con música de carnaval.

La unidad de análisis financiero informó con meses de anticipación que los bancos tenían un parecido a los quesos suizos llenos de hoyos, donde dormían millones de dólares del narcotráfico en todas sus variantes y nada sucedió. Carne molida para los matinales de la TV.

Es indudable que en los bajos fondos de la criminalidad ya instalada tiene a sus monaguillos para que los defiendan.

El secreto bancario es la mejor joya de la corona. No se trata de conocer qué compran los senados y diputados en el supermercado o en algún mall chino. Es muy justo que los que les pagan sus elevados sueldos conozcan cómo va la vida en ese ínfimo segmento que trabaja en teoría, para que el respirar sea algo mejor y más digno.

En aquellos tiempos cuando existía educación cívica -que no fue clausurada por la dictadura sino durante el periodo de la Concertación-, los que caminaban hacia la construcción de familia y trabajo entendían que esos honorables conocían la tabla del siete. Actualmente sus declaraciones de intereses provocan escalofríos.

Chile no es un país con un Estado fallido, es sencillamente corrupto y negacionista con cuentas pendientes.

La dura realidad deja la foto más nítida de la profundidad de todos los delitos casi sin castigo. Diputados investigados por ladrones y corruptos en prisión como Lavín León, por ejemplo; senadores que fueron desaforados cuando eran diputados. Suma larga.

Jueces de juerga con licencias médicas. Una ex ministra de la Corte Suprema que pasó algunos meses en prisión, el fiscal nacional que tenía una deuda CAE, una concejala republicana titulada con diploma de mechera que roba en una tienda.

Y todos mirando el mar.

Se debe entender que, si en algún tiempo cercano la calle se vuelve a convertir en algo parecido a octubre, será absolutamente responsabilidad de los sostenedores del Estado de Derecho. Intentar criminalizar las justas demandas populares no es justo, las cartas acusadoras de la violencia fueron negras porque muchos de aquellos fueron hijos del Sename, y de aquello nadie se hace responsable.

Chile no es un país con un Estado fallido, es sencillamente corrupto y negacionista con cuentas pendientes.

Por Pablo Varas

Fuente fotografía


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Junio 26, 2026 • 4 horas atrás por: ElCiudadano.cl 30 visitas 2235896

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