
El varón acusado de insultar públicamente a una enfermera de origen palestino en el Hospital San Lázaro de Sevilla, que ha resultado ser personal de seguridad del referido centro, ha asegurado que "no conocía" a la profesional, que "en la vida" hubiese realizado las afirmaciones referidas en el caso --como "todos los moros sois terroristas"-- y que, si bien ha aceptado parcialmente haber llevado a cabo afirmaciones relacionadas con las personas de origen marroquí, todas ellas habrían sido "en el ámbito privado" y en conversación con un compañero, sin intención de "humillar" a la mujer. Cabe destacar que este hombre enfrenta una petición fiscal de dos años de prisión por un delito contra la integridad moral.
Así lo ha relatado durante la vista oral que ha acogido este lunes la Audiencia Provincial de Sevilla, al tiempo que ha negado "ningún tipo de conflicto" con la misma y ha aseverado que "respeta" a "todo el mundo". "Ella estaba sentada y yo estaba en una esquina del comedor, hablando con un compañero (...) De hecho, no me enteré hasta el día siguiente de lo que había pasado, cuando mi jefe me dijo que me había denunciado por racista", ha aseverado.
De hecho, el hombre ha dicho que en el momento de los hechos se encontraba bajo los efectos de una medicación prescrita para el tratamiento de cáncer, algo que haría que no pudiese recordar con exactitud el episodio. "No recuerdo todo, pero vamos, que negativo, que no", ha insistido.
"SENTÍ MIEDO"
Por su parte, la presunta víctima, a preguntas de su abogado y del Ministerio Público, ha expresado que en el momento de los hechos se encontraba sentada en el comedor del centro junto a unos compañeros y que este hombre descubrió su lugar de procedencia al escuchar una conversación con los mismos.
"Entonces, me dijo que todos los palestinos éramos moros terroristas, que creíamos en Alá y en sus muertos (...) Sentí miedo e inseguridad. Además, por su profesión, llevaba consigo una porra, lo que me hizo sentir aún más intimidada. Su actitud era agresiva, hablaba fuerte y estaba rojo", ha esgrimido.
La mujer ha dicho que pese a estar acompañada por otros presentes, lejos de sentirse arropada, se sintió aún más sola. "Parecía que estaban mudos. Nadie dijo nada", ha expresado, al tiempo que ha afirmado que se sintió "humillada y vejada" y que, incluso, llegó a temer la hora de abandonar el edificio, por si afuera le esperaban represalias aún peores.
"Sentí ganas de llorar, me sentía indefensa. Quise incluso abandonar mi puesto de trabajo, pero no pude hacerlo, tuve que seguir", ha enmarcado la afectada, al tiempo que ha referido que llegó a indicarle a este hombre en repetidas ocasiones que cesase su comportamiento, algo que el encausado obvió.
RELATO "CONSISTENTE"
Si bien el caso ha quedado visto para sentencia, el Ministerio Público, que ha mantenido el relato de los hechos, ha defendido que los mismos han quedado acreditados al valorar el relato de la víctima como "consistente, persistente y veraz", al haber apreciado su sentimiento de humillación y no existir una discusión previa entre ambas partes.
Por su lado, el letrado responsable de la acusación particular se ha adherido a la manifestación la fiscal, al coincidir con las calificaciones realizadas por la misma hacia la declaración de la enfermera.
Finalmente, el letrado responsable de la defensa del encausado ha solicitado sentencia absolutoria para el mismo, al considerar que ambas partes han relatado "versiones contradictorias" y que no hay "pruebas periféricas" que sostengan el relato de la afectada.
EL RELATO DE LA FISCALÍA
Según el escrito de conclusiones provisionales del Ministerio Público, el encartado "encontrándose en el comedor del hospital San Lázaro, tuvo conocimiento de que una de las enfermeras de dicho hospital era de origen palestino".
Así las cosas, "se dirigió a la misma en presencia de varios compañeros" y, en "tono despectivo", dijo "hay que huir de los marroquíes porque creen en Alá y sus muertos", además de "para mí, todos sois moros. Moros son todos los terroristas y los que maltratan a las mujeres, para mí todos sois moros terroristas".
Todo lo anterior, según el Ministerio Público, "con la clara intención de denigrar a la mujer y menoscabar su dignidad, pese a que esta insistió varias veces en que dejara de hacer esos comentarios, que le resultaban hirientes".
Las expresiones verbales "insultantes" que el acusado "de forma reiterada dedicó a la víctima, el tono elevado y despectivo que empleó, la exposición pública a la que la sometió, pues los gritos que captaron la atención de los allí presentes y la aparente gratuidad del acometimiento, cristalizaron en una grave humillación que menoscabó su dignidad".
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