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El Eternauta: el épico viaje a la pantalla de una obra superior

El Eternauta: el épico viaje a la pantalla de una obra superior

Los realizadores admiten que no le encontraban la vuelta. Desde 2005, y durante al menos una década, la productora argentina K&S Films lideró varias aproximaciones para llevar a la pantalla grande El Eternauta, la reconocida e influyente novela gráfica escrita por Héctor G. Oesterheld e ilustrada por Francisco Solano López. Hubo connotadas figuras interesadas en adaptar la obra de ciencia ficción publicada en 1957; sin embargo, ninguno encontró una ruta viable.

Matías Mosteirín, director general de la productora, cree conocer la razón detrás de la imposibilidad de materializar lo que asumían como “un sueño de nuestra comunidad artística y cinematográfica”.

Foto: Marcos Ludevid / Netflix ©2025

El Eternauta es una obra evidentemente cinematográfica; todo aquello que es evidentemente cinematográfico siempre es muy peligroso”, apunta, para luego especificar: “Es una obra con una gran premisa y una consigna muy profunda y muy impactante, pero muy difícil de adaptar a una estructura de tres actos justamente por su naturaleza episódica”.

Tras insistir en transformar la historia de Juan Salvo en película, finalmente se realizaron una nueva pregunta: ¿por qué no diseñarla como serie? Y hacerlo con Netflix, una alianza que garantizaría amplios recursos y una ventana global. “De pronto la posibilidad de volver a un formato episódico ofrecía muchas respuestas que hasta ese momento no habíamos encontrado”, sostiene el productor.

En octubre de 2023, cuando Culto visita las filmaciones del proyecto, la maquinaria de El Eternauta vive un inusual día de calma. El rodaje comenzó en mayo y terminará en diciembre, tras completar casi 150 jornadas de filmaciones y reunir a cerca de 3 mil personas entre actores y extras. A la cabeza de todo está Bruno Stagnaro, quien tomó las riendas creativas cuando ya estaba pensada como una serie original para la plataforma de streaming.

El cineasta, conocido por Pizza, birra, faso (1997) y la serie Okupas, recurre al humor para hablar de su labor como director, guionista y creador de la primera temporada de seis episodios (con fecha de estreno para el 30 de abril). “Trabajar sobre esto es básicamente un quilombo, porque es algo que desde el momento uno está clara la presión que tiene encima, pero al mismo tiempo es algo hermoso y fascinante. Todo el proceso que venimos haciendo es muy feliz (...) El hecho de finalmente poder llevarlo adelante es para nosotros como equipo es un orgullo increíble”.

Martín M. Oesterheld, Matías Mosteirín, Bruno Stagnaro, Francisco Ramos y Leticia Cristi. Foto: Marcos Ludevid / Netflix ©2025

Mosteirín detalla que uno de los retos consistía en “lograr ser tan ambiciosos y tan audaces como lo fue el autor de la obra original en su momento”. Quizás esos rasgos se manifiestan bien en la elección de la época: si la novela gráfica de Oesterheld transcurría en el presente –es decir, en el Buenos Aires de los años 50–, la serie hace el mismo ejercicio y muestra cómo una misteriosa nevada mortal cae sobre la ciudad de hoy. De ese modo, sería “emitida en la misma época en que sucedía”, advierte Stagnaro.

Fanático del cómic desde que era niño, el realizador afirma que ese ajuste “fue largamente meditado y yendo y viniendo varias veces sobre el punto”, hasta que finalmente llegaron a una solución que, estima, mantiene “el espíritu de la obra original”.

A falta de un trabajo de recreación de época, la producción se embarcó en un largo proceso de investigación para lograr vestir a la urbe actual de nieve. Un proceso que se completó gracias a un ambicioso y riguroso despliegue tanto en locaciones como en estudio. Eso implicó que el elenco –compuesto por Ricardo Darín, Carla Peterson, César Troncoso, Andrea Pietra, Marcelo Subiotto, Ariel Staltari, entre otros– tuviera que moverse entre ambos mundos, las calles que probablemente transitan regularmente y un entorno en que se aplicó tecnología inusual para un proyecto audiovisual realizado en América Latina.

Aunque es una figura reconocida internacionalmente, en un comienzo hubo opiniones dispares en torno al fichaje de Darín. Mientras Mosteirín estaba a favor de su incorporación, Stagnaro tenía serias dudas respecto a si era el actor más idóneo para interpretar a Juan Salvo, el héroe de la historia.

Foto: Marcos Ludevid / Netflix ©2025

A mí me pareció realmente un disparate”, expresa. “Básicamente era una historia muy física en donde el protagonista en la historieta tenía treinta y pico de años y bueno, Ricardo, ya tenía más de 60. Lo descarté de plano”.

Tras meditarlo, detectó una ventaja que inicialmente no estaba en su análisis: subirle la edad al protagonista permitiría justificar el hábil manejo de Salvo con las armas, algo clave en la novela gráfica. “Nos daba la posibilidad de que este tipo tuviera una conexión con el mundo de las armas en una vida pasada que parecía completamente olvidada para él. Y, sin embargo, en este momento de este evento extraordinario, eso volvía a cobrar vida y aparecía como un músculo que hasta él mismo no sabía que tenía. Eso, a su vez, nos fue llevando a otros lugares”, describe el cineasta.

Si el personaje principal tenía 60 y algo, todo sus amigos –que se transforman en la resistencia ante la tormenta de nieve tóxica– también tendrían que ser hombres mayores. Eso le dio un énfasis diferente a todo el relato. Según la óptica de Stagnaro, para ellos el apocalipsis “representa, paradójicamente, una especie de segunda oportunidad, siendo tipos que ya están casi vencidos, por el sistema o a punto de ser descartados. Paradójicamente, el desastre que se suscita, les termina ofreciendo una oportunidad de vigorizarse”.

“Es una épica del hombre común, una resistencia, algo inconmensurable de un grupo de amigos que tienen como armas la solidaridad, el ingenio, cosas muy locales, muy argentinas”, declara Martín Mórtola Oesterheld, nieto del autor, quien se desempeñó como consultor creativo y fue parte importante de la construcción de la serie.

Foto: Marcos Ludevid / Netflix ©2024

Su abuelo –secuestrado por la dictadura argentina en 1977– “tenía una relación ética con la aventura. Él decía que el héroe no es previo a la aventura. Primero tienes que aventurar la vida. Este grupo de combatientes tienen que aventurarse en esa ciudad de Buenos Aires que ya no es la misma porque ya no protege a nadie, ya es otra cosa, es una tierra incógnita”.

Todos los involucrados coinciden en que la serie respeta la esencia del cómic original: la épica del hombre común, la ciencia ficción a ras de suelo. En ese sentido, Mosteirín recuerda un concepto que Stagnaro les comentó tiempo atrás. “Bruno una vez dijo: la verdadera escala de este proyecto se va a definir por la dimensión afectiva que logremos construir entre los personajes. Y eso es algo que vamos redescubriendo todo el tiempo. Hablamos de sobrevivientes y de resiliencia. También se habla mucho de lealtad”.

“Vemos que el ADN de El Eternauta tiene todavía esa mística, esa magia, ese poder misterioso que hace que un chico de 12 años vea la historieta y la quiera leer hoy. Nosotros queremos lograr eso mismo”, remarca el productor, quien la percibe como “una historia muy llena de esperanza, pero al mismo tiempo muy desgarradora. Es una tragedia, pero al mismo tiempo es una épica y una aventura”.

Mórtola Oesterheld va más allá: “Creo que El Eternauta tiene más cosas que decir ahora, cuando lo traes y lo mueves (a la actualidad). Entre otras cosas, la solidaridad, que nadie se salva solo”.

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LaTercera.com

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