Todas las agencias meteorológicas del mundo están mirando al mismo edificio de la costa este de EEUU. El jueves 14 de mayo, antes de que abran los mercados, en College Park (Maryland) una sala llena de oceanógrafos y meteorólogos discutirá un pdf de cuatro páginas.
En ese pdf estará escrito el futuro del planeta. Suena épico, pero es más prosaico de lo que parece. No estará escrito de forma clara, ni nítida, ni con certezas absolutas: pero lo estará.
¿Qué hay en ese PDF? El Climate Prediction Center (CPC) de la NOAA publica el segundo jueves de cada mes su ENSO Diagnostic Discussion. Es el informe más importante de los sistemas mundiales de monitorización de El Niño y, por lo que están diciendo los modelos, la probabilidad de un El Niño "muy fuerte" va a superar el 25% (y creciendo).
Pero si es mensual... ¿por qué es importante este informe en concreto? Porque ha cambiado el índice que usa la agencia para monitorizar y predecir la ENSO. Hasta este año, la NOAA usaba el ONI: un índice para medir la anomalía de la temperatura superficial del mar, pero que no descuenta la anomalía media producida por el cambio climático.
Lo esperable es que las predicciones bajo el nuevo índice (llamaro RONI) sea sensiblemente menor que en condiciones normales. Si las magnitudes se disparan pese a la corrección, la cosa pintará más. Este informe es importnate porque es el primero que recogerá la "aceleración" de El Niño a pleno rendimiento.
¿Qué implicaría esto? Cada nuevo informe de la NOAA se traduce en una cascada de decisiones en políticas agrarias, energéticas, pesca y de incendios. El último gran El Niño (2023-24) coincidió con que 2023 fuera el segundo año más cálido registrado y 2024, el más cálido de todos: un El Niño 2026-27 fuerte podría empujar 2027 a otro récord global y los impactos no están bien medidos.
Es verdad que entre marzo y mayo la fiabilidad de los pronósticos de ENSO cae bruscamente (porque las anomalías del Pacífico ecuatorial atraviesan su fase de transición); pero, a falta del informe de junio, esta es la mejor pista que tenemos.
¿Qué podemos esperar? Ya sabemos que hay una 61% de probabilidad de que El Niño esté con nosotros entre mayo y julio de 2026. Un 25% de probabilidades de que sea "muy fuerte". Lo importante a tener en cuenta es qué significa eso.
El 61% mide la probabilidad de que el Pacífico ecuatorial atraviese el umbral de lo que entendemos como El Niño. Pero, lamentablemente, no mide cuánto va a llover en Cádiz, ni qué pasará con las cosechas en Misiones, ni cuántos huracanes verá el Yucatán.
No está de más recordar que, durante la fase cálida (es decir, durante El Niño), la ausencia de unos vientos alíseos fuertes que refresquen la superficie del Pacífico ecuatorial hace que la temperatura de esa zona del océano se dispare. Es esto, a través de diferentes teleconexiones atmosféricas, lo que trastoca todos los sistemas meteorológicos del mundo. Lo que no tenemos claro es exactamente cómo.
Los efectos son variados y cambian depende de la región ("condiciones más secas de lo normal en determinadas partes del mundo; mientras que en otras provoca más precipitaciones. Unos países tienen que lidiar con sequías importantes y otros, con lluvias torrenciales", dice AEMET); pero cuando hablamos de temperaturas no ha duda: El Niño es sinónimo de calor.
Todo lo demás, está por escribir.
Imagen | Xataka
En Xataka | "Es tan extremo que es difícil de creer": las previsiones de El Niño dibujan un evento de una intensidad inédita.
-
La noticia
El PDF de cuatro páginas que definirá 2027: los modelos apuntan al peor El Niño en 140 años y uno de los informes clave se publica el jueves
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
.
completa toda los campos para contáctarnos