Llama la atención la proliferación de críticas a la transición energética de Chile desde ciertos sectores en los últimos días, basadas en un discurso de carácter retórico e ideológico más que en evidencia.
La Política Energética 2050 (Energía 2050), iniciada en 2015, fue un proceso acompañado de un análisis técnico robusto, con un nivel de participación ciudadana inédito y, que ha sido refrendado y actualizado por cuatro gobiernos distintos. Esta política, que también retroalimentó la política climática, reconoció el aporte que las energías renovables podían generar por su propio mérito. Más allá de las señales políticas del Estado —a través de esta política y de las licitaciones a las distribuidoras que habilitaron que la energía solar y eólica pudiesen ofertar—, ha sido esencialmente el mercado el que ha impulsado su desarrollo. Factores como la alta radiación solar, condiciones de viento excepcionales, la fuerte caída de costos y un entorno atractivo para la inversión explican su rápida adopción y su peso en la matriz eléctrica.
Hoy, después del sector minero, son las energías renovables las que lideran la inversión del país (US$5,5 billones para 2026, según la Corporación de Bienes de Capital), consolidándose como un motor de crecimiento económico y de generación de empleo de calidad. En esta línea, una evaluación realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo estima que la implementación de nuestra política de mitigación climática, basada en energías renovables, incrementaría el PIB del país en varios puntos porcentuales a 2050.
Los principales desafíos del sector, tal como se previó hace 10 años, son los asociados a un país con alta participación de energías renovables intermitentes, las que hoy —en días de verano— pueden superar el 70% de la generación eléctrica. Entre estos se encuentran el mantener la estabilidad de la red, avanzar en almacenamiento —que ya representa el 27% de los proyectos eléctricos en etapa de construcción, aprobados o en calificación ambiental, según información de ACERA— y expandir la transmisión. En la medida que esto se materialice, se generará más inversión, crecimiento y empleo. Finalmente, es imperativo mejorar la aceptabilidad social de los proyectos, mediante una gestión territorial para el desarrollo energético y políticas de valor social desde las empresas.
Las energías fósiles, por su parte, si bien cumplen un rol en la transición energética, son una de las grandes responsables de que las cuentas de la luz de los chilenos hayan subido, debido que estas se encuentran indexadas a los precios de los combustibles fósiles. Chile importa el 98% de estos combustibles, lo que representa el 21% del total de las importaciones y equivale a entre 6% y 8% del PIB. A esto se deben añadir los costos por contaminación del aire y sus impactos en términos de emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a las tecnologías que usan dichos combustibles. Con la actual guerra en Irán, ¿cuánto más tendremos que pagar?
Por Annie Dufey, directora de Espacio Público y ex secretaria ejecutiva de Energía 2050.
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