Mientras la playa de Fnideq vuelve lentamente a la normalidad y miles de personas regresan a sus hogares tras el mayor éxodo migratorio registrado hacia Ceuta, decenas de familias marroquíes permanecen atrapadas en una espera que parece no tener final. Padres, madres y hermanos recorren hospitales, comisarías y la frontera con fotografías en la mano, preguntando por jóvenes y niños de los que no han vuelto a saber desde que se lanzaron al mar. Al menos 72 personas han muerto, decenas permanecen desaparecidas y, para muchas familias, la incertidumbre se ha convertido en una tragedia tan dolorosa como la propia pérdida.
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