El gobierno de EE.UU. ha realizado una acción militar para deponer al gobierno de Venezuela y capturar a Nicolás Maduro. En una operación relámpago, iniciada en la madrugada del sábado, bastaron menos de doce horas para neutralizar los principales recintos militares y dejar su infraestructura y armamento fuera de combate. Así, casi sin resistencia, se procedió a la captura de Nicolás Maduro y de su entorno familiar. La operación se encuentra aún en desarrollo, pero ya es posible confirmar que la respuesta militar del régimen fue menos que mínima; EE.UU. no tuvo dificultad para llevar adelante una intervención quirúrgica, exprés, y sin ocupación del territorio venezolano.
Mientras los acontecimientos se despliegan, la opinión pública internacional se posiciona en torno a una controversia inevitable: la pertinencia y legitimidad de la intervención militar. Es una discusión válida, abierta por el choque de principios y objetivos antagónicos: ¿tiene derecho EE.UU. a violar la soberanía de un país independiente en función de razones políticas? ¿Puede el régimen de Venezuela ampararse en el respeto a la independencia y la soberanía de su país, luego de haber derivado en una dictadura que termina perpetuándose a través de la fuerza e, incluso, de un fraude electoral? ¿Si EE.UU. tiene la convicción de que el gobierno de Maduro participa en operaciones de narcotráfico que afectan a la población y la economía norteamericana, debe quedarse de brazos cruzados? ¿Quién puede confirmar que esos antecedentes son fidedignos y no sólo una retórica construida para justificar una invasión ilegítima?
No es fácil tomar posición frente a este tipo de situaciones. Lo innegable es que estamos ante un hito histórico que marcará un antes y un después. La caída de Maduro y, eventualmente, de todo su aparato de poder, tendrá implicancias geopolíticas de alcance mayor. Primero, en América Latina, en los nexos de dependencia económica y política que la dictadura cubana tiene con quienes hoy son desalojados de Caracas. A corto plazo, será la propia viabilidad de Cuba lo que estará en juego. ¿Cuáles serán los efectos de esta situación en el continente? Otro alcance importante: ¿cómo afectará un eventual cambio de régimen en Venezuela los flujos migratorios que han golpeado las condiciones demográficas de la región? Por último, ¿lo que se vive hoy en el Caribe tiene alguna conexión con las movilizaciones que estos días intentan desestabilizar al régimen de los ayatolas en Irán? Porque, al menos desde un punto de vista estratégico, los nexos entre los regímenes de Venezuela, Cuba e Irán son un factor clave a nivel global, y es evidente que la eventual caída de uno de ellos tendrá impacto sobre los demás.
Son sólo algunas de las derivadas de los eventos en curso. Lo claro, lo inobjetable, es que la intervención militar de EE.UU. en Venezuela y la captura de Maduro, modifican el escenario geopolítico a nivel regional y global. Son un punto de inflexión en materia de equilibrios de poder, un cambio sustantivo cuyas secuelas son todavía imprevisibles.
Por Max Colodro, filósofo y analista político
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