“En medio de un intento planificado y sistemático de genocidio y de exterminio sobre el Partido Comunista de Chile, cerca de un centenar de compañeras y compañeros militantes fueron detenidos, torturados, ejecutados y hechos desaparecer sus cuerpos” recordó el presidente del PC, Lautaro Carmona. En un acto de homenaje a las y los caídos en calle Conferencia hace 50 años, el dirigente indicó que “ellas y ellos formaban parte sustantiva de un conjunto de heroínas y héroes del pueblo; militantes consecuentes del internacionalismo proletario; luchadoras y luchadores por causas patrióticas, nobles y justas que, tras el golpe de Estado y la implantación del terrorismo y la extrema miseria de millones y millones de compatriotas, realizaban la temprana y durísima tarea de reorganizar al Partido Comunista en clandestinidad y bajo persecución extrema, en las luchas de resistencia”.
“El Siglo”. Santiago. 17/5/2026. Texto íntegro del discurso pronunciado por el presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, en el acto de homenaje a militantes y dirigentes de esa organización caídos en 1976 en calle Conferencia, en un operativo represivo de la dictadura civil-militar:
Queridas compañeras, estimados compañeros, permítanme un abrazo fraterno y lleno de reconocimiento para las y los familiares de nuestros héroes y heroínas a quienes rendimos homenaje en esta mañana de mayo.
Realizamos este homenaje cuando Chile lo gobierna la derecha con políticas muy reaccionarias y abiertamente a favor de la concentración del gran capital. Llegamos a este lugar de Santiago para reivindicar la consecuencia militante de quienes entregaron la vida en la lucha antifascista, portando los más nobles valores comunistas. Este homenaje es también la respuesta a la campaña anticomunista de quienes están preocupados por las banderas rojas de la hoz y el martillo que siguen flameando en nuestro país.
Hace medio siglo, un 4 y 5 de mayo, en esta casa que está al frente, fueron detenidos y siguen desaparecidos los compañeros Mario Zamorano, Jorge Muñoz, Uldarico Donaire y Jaime Donato, miembros de la dirección clandestina del Partido.
Hace cincuenta años, pero un 12 de mayo, en la calle Bello Horizonte de Las Condes, fue detenido y hecho desaparecer el compañero Víctor Díaz, subsecretario que encabezaba la dirección del Partido hasta la fecha.
En medio de un intento planificado y sistemático de genocidio y de exterminio sobre el Partido Comunista de Chile, cerca de un centenar de compañeras y compañeros militantes fueron detenidos, torturados, ejecutados y hechos desaparecer sus cuerpos.
La dictadura fascista civil-militar se propuso, durante el año 1976, exterminar al Partido Comunista. Para ello desató una persecución que afectó a las direcciones del Partido y la Jota. Lograron propinarnos golpes muy duros; cerca de 100 cuadros políticos fueron detenidos desaparecidos y ejecutados. Por razones de compartimentación y prevención por seguridad, esto afectó a más del doble de cuadros que debieron descolgarse y muchos de ellos partir al exilio.
El hecho histórico que la dictadura no calculó es que, ante la caída de una o uno, habría diez y los que fueran necesarios para ocupar su lugar.
Cualitativamente no fue lo mismo, pero en dos años la dirección clandestina del Partido estaba funcionando nuevamente a plenitud, incluyendo la incorporación de los que retornaron clandestinamente, venciendo la siniestra Operación Cóndor.
Ellas y ellos formaban parte sustantiva de un conjunto de heroínas y héroes del pueblo; militantes consecuentes del internacionalismo proletario; luchadoras y luchadores por causas patrióticas, nobles y justas que, tras el golpe de Estado y la implantación del terrorismo y la extrema miseria de millones y millones de compatriotas, realizaban la temprana y durísima tarea de reorganizar al Partido Comunista en clandestinidad y bajo persecución extrema, en las luchas de resistencia.
El imperialismo norteamericano, los protagonistas e impulsores del golpe, tenían la estratégica convicción de que, para avanzar en sus espurios propósitos económicos, políticos, sociales y culturales, debían exterminar a quienes consideraban sus enemigos fundamentales. A quienes, de resistir y sobrevivir, podían enfrentarlos, luchar y generar incluso las condiciones para su derrota.
Actuaron desde un feroz y criminal odio de clases.
Pero también actuaron desde el temor, desde el miedo, creyendo que incluso, haciendo desaparecer sus cuerpos, harían desaparecer sus ideas, sus doctrinas, sus principios, sus abnegados ejemplos de vida surgidos desde lo más profundo de la clase obrera chilena, desde lo más trascendente del pueblo chileno.
Hace 50 años, quienes destruyeron el Estado de derecho y la democracia chilena, con un golpe terrorista impulsado por una potencia extranjera, tal vez creyeron que la detención, tortura, ejecución y desaparición de este centenar de compañeras y compañeros consolidaría sus propósitos de clase.
Las huellas del golpe marcaban al país entero, especialmente a un pueblo que, hasta hace muy poco tiempo histórico, había construido a través de décadas de lucha, sacrificios, avances, retrocesos, épica y emoción colectiva, derrotas y grandes triunfos electorales, conquistando una correlación de fuerzas que permitió que en Chile se instalara en La Moneda el Presidente y el gobierno más democrático que ha tenido el país en su historia.
Reconocido en todo el mundo democrático como un proceso revolucionario inédito, propio, camino al socialismo a la chilena, con empanadas y vino tinto, como lo dijo Salvador Allende.
El intento de exterminio y genocidio fue parte real de borrar esta experiencia del pueblo de Chile y cerrar toda posibilidad de que este camino se volviera a retomar y abrir paso en el futuro del país.
Las compañeras y compañeros que cayeron tenían conciencia individual y colectiva de este gigantesco desafío que debieron enfrentar.
Su tarea de reorganizar; formar colectivos; comenzar la resistencia sin tener total claridad de la represión brutal que caía, y cayó, sobre ellas y ellos la llevaron hasta las últimas consecuencias.
Pero qué verdad histórica, tras 50 años, hoy son las consecuencias individuales y colectivas que nos permiten estar aquí, que nos permiten sostener que el Partido Comunista de Chile vive, que el Partido sigue vitalmente luchando por las causas y principios nobles y justos por los cuales ellas y ellos lucharon y ofrendaron sus vidas.
Honor y gloria eterna a quienes siempre estarán presentes porque hoy, tal vez más que ayer, necesitamos de sus ejemplos vitales para seguir enfrentando los difíciles momentos que vive Chile.
La historia, el pasado, el presente, el futuro, es continuidad y cambio.
Todas y todos ellos fueron protagonistas y constructores, en muchos aspectos y facetas, de ese proceso que se fraguó en décadas de luchas. Que tenía como objetivo realista el socialismo para Chile.
Que construyó una generosa conciencia popular solidaria con todas las causas y pueblos del mundo; con Vietnam, con Cuba, con los pueblos de África, del Oriente Medio y con todas las naciones de América que se levantaron contra el imperialismo, buscando construir la patria grande y unida.
En ese contexto, nuestras compañeras y compañeros tomaron la misión de comenzar la rearticulación; la vital reorganización del Partido; asumiendo las inmensas dificultades que enfrentaban, lanzando las primeras ideas y propuestas de acción, de lucha, de llamados a la resistencia y a la unidad antifascista, cuando el Partido debatía las causas de la derrota y la necesidad de resistir y enfrentar el inmenso desafío que realmente se debía asumir.
Quienes hoy pretenden desconocer la consecuencia del Partido Comunista no solo cometen un error y una falacia completa. Faltan al rigor de los hechos históricos que destacan el heroísmo militante.
Pretenden desconocer el legado ético, plenamente vigente, de seres humanos ejemplares que legaron al pueblo de Chile una consecuencia plagada de valores revolucionarios, democráticos, y que son parte de un proyecto inconcluso, pero jamás derrotado.
Nuestra lucha actual adquiere y tiene pleno sentido en la dimensión histórica que nos legaron quienes hoy sentimos parte fundamental de nuestro presente y futuro. Porque son presente y futuro.
Quienes pretenden negar la historia, negar y tergiversar el pasado, negar el legado que protagonizaron compañeras y compañeros que hoy están aquí, con nosotros, saben que sobre esa base pueden repetir las atrocidades que han cometido… y lo que es más grave, darle justificación a sus atrocidades hacia el futuro.
Alertas de que el gobierno de Kast se ha propuesto revertir logros en la política de DD.HH.: los criminales de lesa humanidad no tienen derecho a beneficios carcelarios.
Atrocidades sociales, económicas, políticas, de violación a derechos humanos de pervivencia, incluso a la vida.
Hoy, quienes ponen en duda, tergiversan e incluso cuestionan y buscan excluir, marginar y sancionar al Partido Comunista, sus acciones, sus ideas y principios, vuelven a justificar de esa manera su posición históricamente antidemocrática, antipopular, totalitaria.
Más aún, quienes hoy gobiernan Chile solo pudieron ganar elecciones y ser gobierno porque antes, no mucho tiempo antes, hubo millones y millones que luchamos porque en Chile, de nuevo, hubiera elecciones soberanas, derrotando el totalitarismo y la dictadura que ellos mismos avalaron, apoyaron y que rechazaba el camino democrático.
Hoy señalamos que, con esos ejemplos, seguiremos abriendo las grandes alamedas con el pueblo de Chile.
Hoy vivimos tiempos duros y difíciles, en Chile y en varios países de nuestra región.
La oleada derechista, con pleno impulso proveniente del imperialismo norteamericano y sus socios de la OTAN, vuelve a tomar la ofensiva para apropiarse, a mayor escala, del trabajo humano y recursos naturales de todos los países de nuestro continente.
En el mundo, el multilateralismo, la defensa de la convivencia en el respeto a los diferentes proyectos que se propongan los pueblos, del derecho internacional, la soberanía de los pueblos y naciones, el diálogo y no las guerras y genocidios, son la real y única esperanza para todo el planeta.
La orden del día para todas y todos quienes son parte de la inmensa mayoría democrática es, desde la propia realidad de cada cual, levantar un potente movimiento por la paz.
Las compañeras y compañeros que hoy están presentes, y lo seguirán estando, a pesar de quienes intentaron borrar sus cuerpos y sus legados, eran parte de ese inmenso y generoso torrente que hoy se moviliza por terminar con el genocidio en Gaza, en el Líbano, en África. Una palabra que representa un sentimiento y compromiso antiimperialista, que denuncia el criminal bloqueo y estrangulamiento de Cuba y su heroico pueblo. Cuba no está sola. Cuba vencerá.
Somos continuidad histórica y estamos orgullosos de serlo.
Como ellas y ellos, cultivamos la solidaridad y la ética porque ningún pueblo es lejano.

Hoy es urgente la necesidad de levantar y construir un movimiento social amplio, activo, en lucha, unitario, con propuestas nacionales y sectoriales, que definitivamente supere el neoliberalismo y el capitalismo salvaje que solo favorece a unas cuantas familias y un puñado de consorcios transnacionales.
Un movimiento en donde es totalmente necesario el rol de la clase trabajadora, empujando la construcción de un movimiento social popular y de alcance nacional, en el cual nadie, nadie quede afuera ni menos marginado.
Hoy es el tiempo de la construcción, de la generosidad, del amor cotidiano por empujar colectivos solidarios convencidos de que la alternativa es posible y necesaria.
La economía chilena, ya hace muchos años, no crece a escala humana y está estancada.
En Chile, el modelo económico no ha cambiado sustantivamente desde el golpe. Sí ha tenido cambios y reformas, pero su estructura, su asentamiento a favor del capital especulativo y financiero, es esencialmente el mismo, y su dependencia y subordinación a los centros de poder económico del capitalismo salvaje es una dramática realidad.
La economía chilena, la real, en más del 75%, está en manos del gran capital privado. El endeudamiento sostiene la movilidad social que aspira de manera legítima a una mejor calidad de vida. Hace poco indican que el costo del crédito de consumo alcanza el 25%. Es un abuso con la necesidad de las familias de trabajadores y materializa otra expresión de explotación en la relación capital-trabajo.
Y eso es lo que necesitamos cambiar con urgencia.
Avanzar en un modelo nacional de desarrollo y crecimiento; una nueva política económica; una economía que, para crecer, requiere necesariamente formas nuevas de industrialización; superación del extractivismo; valor agregado; y, por sobre todo, reinversión de capital y soberanía económica.
En estos días se levantan voces que buscan excluirnos, marginarnos e incluso hablan de ilegalizarnos.
Empiezan a mostrar sus propios argumentos y temores.
Otras y otros empiezan a considerar que el Partido Comunista debería ocultarse, no ser parte de las alianzas que consideran posibles de construir.
Eso lo hemos vivido antes. Y también a fines de los ochenta del siglo pasado y a comienzos de los noventa.
Como si eso fuera democrático, y más aún, parte de una gobernabilidad democrática.
Como antes, y como después del golpe, como lo hicieron nuestras compañeras y compañeros, como lo dijo el compañero Víctor Díaz, hoy nos pronunciamos con claridad y sin ambigüedad:
“Podrán vaciar el mar con un balde antes de acabar con los comunistas”.
Y desde esa ética, y desde esa convicción, convocamos a la resistencia, a la lucha, a la unidad centrada en el pueblo y en las grandes mayorías, a levantar la esperanza y la alternativa a la derecha, y a quienes, en forma majadera y nostálgica, persisten en creer que algo bueno podría salir de la continuidad del neoliberalismo y el capitalismo salvaje imperante en Chile hoy.
Ante los recortes; la cesantía; los bajos salarios; las deudas; las mentiras pertinaces, hoy más que nunca es necesario construir.
El gobierno impone un debate de megaproyecto en que junta beneficios tributarios para la élite, para los superricos, para el gran capital, con básicas políticas públicas para los damnificados de incendios. No quisieron separar el proyecto. Se propone pasar gato por liebre: política social para los damnificados junto con rebaja de impuestos para la empresa, aumentando automáticamente sus tasas de ganancias.
Y nos amparamos en quienes, antes que nosotros, brindaron lo mejor de ellas y ellos mismos, para seguir abriendo paso al camino del pueblo de Chile y de las mayorías nacionales. Único sujeto necesario para cambiar el rumbo de los acontecimientos que hoy cursan en nuestro país.
Compañeras y compañeros, ¿cómo rendir homenaje a tanto heroísmo, que no sea reafirmando el compromiso de construir Partido y Jota como instrumentos, referentes al servicio de la lucha de masas que libra el pueblo? Para eficacia en la aplicación de nuestra política caminamos a fortalecer y profundizar el Partido de masas.
Tiene nuestra alta valoración el contundente triunfo en la FECH, que logró la Jota en lista con el FA, con la elección de la compañera Laura Mlinars en la presidencia. Qué duda cabe: son un estímulo que potencia el estado de ánimo del pueblo organizado.
Compañeras y compañeros DD. y ejecutados políticos: presentes, ahora y siempre. Hasta la victoria siempre.
Con orgullo, humildad y sentido de responsabilidad histórica recogemos el legado que nos hermana con las justas luchas del pueblo.
Por Chile y su clase trabajadora. por el pueblo, ¡mil veces venceremos!
La entrada “La dictadura fascista se propuso, durante 1976, exterminar al Partido Comunista” se publicó primero en El Siglo.
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