Una de las historias más notables de la última década ha sido cómo Donald Trump logró tomarse el Partido Republicano y dar vuelta muchas de sus políticas básicas, desde la defensa de un orden comercial liberal hasta el compromiso con alianzas militares como la OTAN. Se logró que conservadores tradicionales, nacionalistas, libertarios, evangélicos y Neocons aceptaran convivir, esencialmente apostando por el éxito electoral que les traería Trump. Persona o institución que se oponía recibía la reprobación pública desde la Casa Blanca.
Ahora esas fracturas han empezado a aparecer. La guerra con Irán abrió una grieta que va mucho más allá de la política exterior. Para un sector importante del movimiento MAGA, Trump rompió una de sus principales promesas, la de evitar nuevas guerras y concentrarse en los intereses internos de Estados Unidos. America First.
Un ejemplo de esta pugna se puede observar en la Heritage Foundation, durante décadas el principal laboratorio intelectual del conservadurismo estadounidense. La institución atraviesa una profunda crisis, que vio su máxima expresión el año pasado cuando su presidente, Kevin Roberts, defendió a Tucker Carlson – la figura más visible de la rebelión – por haber invitado a Nick Fuentes, un nacionalista y supremacista blanco, a su podcast. Varios empleados renunciaron y Roberts se vio obligado a pedir disculpas públicas.
El episodio reveló la dificultad que tiene el republicanismo tradicional para navegar las nuevas aguas frente el creciente poder de personajes como Carlson. Carlson de a poco – y especialmente después de que lo despidieran de Fox News en 2023 – se ha ido corriendo hacia una derecha más extrema, más populista, más antisemita, más pro-rusa: en el fondo, más conspriacional. Desde ese espacio, se ha creado un polo junto a figuras como Marjorie Taylor Greene y Thomas Massie, acusando al propio Trump de haber traicionado el sector que él mismo creó. La semana pasada apareció una foto de una reunión pequeña, desde la cual se comenzó a hablar de un nuevo movimiento político, más a la derecha que el trumpismo.
La disputa revela algo que viene gestándose hace rato. Trump – a menos que descarte por completo la constitución – no irá a la reelección. Su popularidad está por el piso, una aprobación neta de -25, según YouGov. Ha fracasado en Irán. Se va convirtiendo, en otras palabras, en un pato cojo. ¿Qué será, entonces, del Partido Republicano después de Trump?
Hay al menos tres visiones distintas. Una derecha institucional, representada por sectores empresariales, el Wall Street Journal y buena parte del establishment republicano. Luego existe un trumpismo más pragmático, dispuesto a mantener el legado, aun si significa modificar posiciones, representado por Marco Rubio, Jared Kushner y otros cercanos al presidente. Finalmente, esta nueva derecha populista, profundamente nacionalista, aislacionista y crítica de las élites económicas, de las alianzas internacionales y de muchos de los pilares tradicionales de la política exterior estadounidense. Comienza a definirse la era post Trump, y la identidad de la derecha estadounidense para la próxima generación. Son disputas internas, pero con alcance global.
Por Robert Funk, Académico del Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile.
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