El Ciudadano

Las ideas de la Nueva Derecha francesa han encontrado algún eco en España -a pesar de su neopaganismo, que espanta bastante a los nacional-católicos-, desde el Proyecto Cultural Aurora y su revista Hespérides creados por Javier José Esparza en los noventa, y luego en junio de 2002, cuando se dio a conocer el Manifiesto contra la muerte del espíritu (al que un año después se le agregó: y de la tierra), redactado por Javier Ruiz Portella y suscrito junto al escritor colombiano Álvaro Mutis, a los que se agregaron luego cientos de firmas, incluyendo intelectuales de derecha y de izquierda, hasta totalizar 1.147. Ruiz Portella empezó a publicar luego la revista El Manifiesto, que además tiene un activo sitio web, autodenominado como “periódico política y socialmente incorrecto”1.
El tono espiritualista y pesimista del Manifiesto, el llanto por la “pérdida de sentido” y la indignación contra la generalización del materialismo vulgar y sus efectos sobre la sagrada civilización europea, parece una versión reaccionaria de la crítica marxiana de la alienación o la denuncia situacionista de la degeneración de la vida en mera sobrevivencia:
“¿Para qué vivimos y morimos nosotros: los hombres que creemos haber dominado el mundo…, el mundo material, ¿se entiende? ¿Cuál es nuestro sentido, nuestro proyecto, nuestros símbolos…, estos valores sin los que ningún hombre ni ninguna colectividad existirían? ¿Cuál es nuestro destino? Si tal es la pregunta que cimienta y da sentido a cualquier civilización, lo propio de la nuestra es ignorar y desdeñar tal tipo de pregunta: una pregunta que ni siquiera es formulada, o que, si lo fuera, tendría que ser contestada diciendo: ‘Nuestro destino es estar privados de destino, es carecer de todo destino que no sea nuestro inmediato sobrevivir’”2.
Durante un breve viaje el año 2007 me topé en Madrid con una manifestación en apoyo a “víctimas del terrorismo”. Unos sujetos con aspecto bastante curioso -que seguramente pensaron lo mismo de mí- tenían un pequeño puesto en la calle y me obsequiaron un ejemplar de El Manifiesto. Su enfoque “transversal” me confundió bastante al principio3, hasta que diversas alusiones de sus textos y sobre todo las cartas de sus lectores me dejaron la sospecha de que era un órgano de tipo falangista o neofascista, de la variedad tercerposicionista. Recién al reencontrarme ahora con este Manifiesto termino de entender de qué se trata el proyecto.
Diego Sanromán realizó un detallado análisis de los firmantes de este Manifiesto, destacando no sólo a personalidades de la alta cultura (las “Artes y Letras” como les llama El Mercurio)4, sino que sobre todo a un amplio conjunto de “egregios representantes de la Nueva derecha patria –y también internacional”, partiendo por el mismísimo Alain de Benoist.
Además, nos suministra más datos de la biografía de Portella, quien fundó la editorial barcelonesa Áltera, que “ha servido, de hecho, como un magnífico medio de difusión para trabajos firmados por paleo y neoderechistas a la española (Ignacio Sánchez Cámara, Aquilino Duque, José Javier Esparza, Pío Moa, etc.), y Ruiz Portella como un medio de conexión personal entre los promotores del Manifiesto y los néodroitiers franceses seguidores de Alain de Benoist”5.
…el ya aludido Esparza ha señalado recientemente que “nunca hubo genocidio español en América”, puesto que según él la principal causa de mortandad de nativos y españoles eran los virus.
Cabe agregar que Ruiz Portella saludó la aparición del partido Vox en España como el “renacimiento de la nación”, y en un reciente viaje a Argentina declaró obsoleta la diferencia entre izquierda y derecha, señalando que la verdadera línea divisoria hoy es entre patriotas y apátridas, identitarios y no-identitarios”6. Haciendo un balance veinte años después, lamenta que esta acción no haya dado lugar a “un movimiento más o menos análogo al existente en Francia en torno a la Nueva Derecha”7.
Por su parte el ya aludido Esparza -autor de El terror rojo en España8 y autoproclamado heredero de Debord y los situacionistas-, ha señalado recientemente que “nunca hubo genocidio español en América”, puesto que según él la principal causa de mortandad de nativos y españoles eran los virus9. En eso coincide con otros hispanistas como Marcelo Gullo, que acusan una “leyenda negra” inventada por los anglosajones para desprestigiar la conquista española, que según ellos fue civilizatoria10.
Entre las adhesiones internacionales Sanromán destaca “la escuela italiana de escritura, Scuola Sagarana, del escritor brasileño Julio Monteiro Martins, en cuyo frontispicio figura un lema que los espiritualistas podrían hacer fácilmente suyo: ‘Estoy cansado de ser moderno. Ahora quiero ser eterno’ (Carlos Drummond de Andrade); la revista tradicionalista chilena Bajo los Hielos, fundada en 1999; y la revista trimestral francesa Contrelittérature, dirigida por Alain Santacreu”. Mientras esta última estaría situada “en la periferia de la nebulosa neoderechista”, no cuento con demasiados elementos para caracterizar la publicación chilena, pues el sitio señalado por Sanromán (www.bajoloscielos.cl) ya no existe, aunque de seguro está relacionada con la Editorial Bajo los Hielos y su director Sergio Fritz Roa11, amigo y discípulo de Miguel Serrano -a quien le dedicó su libro “Cabalgando con Kalki”12-. Otro dato interesante es que Bajo los Hielos difundió un texto de Antonino Bosco titulado “Julius Evola o el camino más peligroso”, incorporado a la Biblioteca de un blog dedicado al “mago negro del fascismo”13. Me parece realmente curioso que este Manifiesto no haya sido suscrito también por Cristián Warnken14 o por Lucy Oporto. Tal vez aún es tiempo.
En relación a los desarrollos de la Nueva Derecha francesa, cabe señalar para culminar esta parte que aparte de los referidos Preve y Onfray, otros pensadores han mostrado tolerancia e incluso ganas de conversar con los artífices de este nuevo “populismo transversal”. Es el caso de Serge Latouche, teórico del decrecimiento, que también se ha vinculado con Alain de Benoist posibilitando así la construcción de una posición ecologista que según ellos iría más allá de la distinción derecha/izquierda. Como fruto de estas confluencias de Benoist publicó un libro llamado “Decrecimiento sustentable. Un nuevo modelo de sociedad antes de que la Tierra se vuelva inhabitable”15.
En un texto de ruptura de relaciones con Latouche fechado en diciembre de 2015 Anselm Jappe y Clement Homs dicen que “vivimos en un período de congelamiento del pensamiento crítico y de confusión teórica, el clima se ha tornado favorable a los viejos zorros siberianos de la extrema derecha -con su cortejo de confusionistas, advenedizos del pensamiento, teóricos de la conspiración y maestros del copiar y pegar-, que, hasta hace poco, los anticuerpos de la inteligencia y la lógica los mantenían a raya fácilmente”. Estos zorros “se empeñan en no perder la gran oportunidad de infiltrarse nuevamente en el gallinero anticapitalista por la puerta grande, utilizando como llave la amistad de quienes, por ingenuidad o mala fe, contribuyen a despejarlos”16.
Por Julio Cortés Morales
[Extracto del libro «La religión de la muerte» de Julio Cortés Morales].
Ficción de la Razón, 26 de mayo de 2026.
Fuente fotografía
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