Tras el éxito de Artemis II, la ciencia ya tiene la vista puesta en la colonización de la Luna o de Marte. El problema es que, para que esto sea posible, sería necesario desarrollar tecnologías que hoy por hoy no existen. Por ejemplo, se puede pasar un tiempo corto bajo el efecto de la microgravedad, pero si alguien quisiese pasar estancias muy largas en el espacio, mucho más largas que las de la Estación Espacial Internacional, necesitaría sistemas de generación de gravedad artificial. Si no, su salud podría deteriorarse gravemente. ¿Y cómo se genera esa gravedad? Teóricamente lo sabemos, el problema es conseguirlo.
Einstein dio las primeras pistas. En su Teoría de la Relatividad Especial, Einstein describió algo conocido como efecto de equivalencia, que señalaba que la gravedad y la aceleración son efectos indistinguibles cuando tienen el mismo valor. Es decir, puesto que la fuerza de la gravedad en la Tierra es de 9,8 N, equivalentes a una aceleración de 9,8 metros por segundo al cuadrado, si un astronauta viajase en una nave espacial que asciende con una aceleración de 9,8 m/s² notaría sus pies aferrados al suelo, aun sin haber gravedad. Por ese motivo, todos los proyectos teóricos para crear gravedad artificial se basan en este principio.
Demasiado combustible. Una opción sería la del ejemplo que hemos visto. Un cohete acelerando a 9,8 m/s². El problema es que para mantener esta cifra constantemente harían falta cantidades inviables de combustible. No es algo factible.
Mejor girando. Ante la imposibilidad técnica de la primera opción, todos los proyectos apuntan a la aceleración centrípeta. Es decir, la aceleración que mantiene un cuerpo girando. Si nos encontrásemos en el interior de una nave que gira con una aceleración centrípeta de 9,8 m/s², podríamos imitar la gravedad. Pero hay un problema. La aceleración centrípeta es igual a la velocidad angular al cuadrado por el radio de la trayectoria del giro. Como si fuese el radio de una rueda de bicicleta. La velocidad angular es la velocidad a la que gira ese objeto.
Si el radio es pequeño, se necesita una velocidad muy alta para alcanzar una aceleración determinada. Y claro, las personas dentro de esa nave circular acabarían muy mareadas. En cambio, en naves muy grandes no sería necesario girar tan deprisa. Por eso, para una nave pequeña no sería viable, pero quizás sí podría conseguirse algo así si en un futuro se construye una nueva estación espacial. De hecho, existe un proyecto para construir un hotel de lujo en el espacio que tendría forma de rueda gigante. Estaría en constante giro, con el radio y la velocidad exactos para imitar el efecto de la gravedad.
¿Es que nadie piensa en la Luna? El objetivo de las bases lunares es que sus habitantes puedan estar directamente posados en la superficie selenita. Ocurriría lo mismo con las bases marcianas. Tendrían que estar en la superficie. Por eso, no sería viable estar dentro de una rueda voladora. En cambio, sí que se podría construir una rueda a la que fuesen los colonizadores lunares cada cierto tiempo. Lo justo para revertir hasta cierto punto los efectos nocivos de la microgravedad. Sería como una especie de spa de microgravedad. Esto es algo que ya ha diseñado un equipo de científicos de la Universidad de Kioto. Lo han bautizado como The Glass.
Las consecuencias pueden ser muy graves. Cuando no estamos sometidos a la gravedad, los fluidos del cuerpo pueden viajar hacia la cabeza, causando inflamación cerebral y problemas de visión. Esto también afecta al sistema circulatorio, pues puede aumentar la presión en vasos concretos, como la vena yugular. Incluso los latidos del corazón se verían afectados.
Por otro lado, al no necesitar estar en una postura rígida, los músculos se van atrofiando poco a poco y los huesos pierden densidad. Todo eso sin contar posibles problemas neurológicos, de equilibrio o intestinales. Las largas estancias en situación de microgravedad son inviables, por lo que será necesario tener claro un proyecto para desarrollar gravedad artificial. Si queremos vivir en el espacio, nos hará mucha falta.
Imagen | Orbital Assembly Corporation y Universidad de Kioto
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La noticia
La paradoja de la gravedad artificial: Einstein nos dijo cómo hacerla, la ingeniería nos dice que es casi imposible
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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