La soberanía de Venezuela

En Venezuela no existe un conflicto político, no hay dos modelos de sociedad irreconciliables. Nada de eso. En Venezuela hay una pandilla de narcoterroristas que controlan el país por la fuerza, que exportan el crimen organizado -a los chilenos nos consta- al resto del continente y que impiden el ejercicio de la soberanía en su territorio.

Se puede estar a favor o en contra de la intervención de Estados Unidos para detener a Nicolás Maduro, pero lo que no se puede argumentar, con un mínimo de rigor, es que se está violando la soberanía y la capacidad de autogobierno del Estado venezolano, porque el ejercicio de esos principios está secuestrado por el régimen chavista. En Venezuela no existe un gobierno que pueda reivindicar principios de derecho internacional, desde el momento mismo que usurparon el poder con la mayor impudicia conocida en el mundo contemporáneo.

Llamar al diálogo, como medio de solución de la crisis venezolana, no solo es iluso, es evadir la realidad. ¿Diálogo? ¿Con quién? ¿Sobre qué bases? ¿Cuándo se produciría ese diálogo? Conocemos la experiencia cubana, el régimen castrista se perpetúa, sobre una estructura de jerarcas que se sostienen en el poder y que ya institucionalizaron un mecanismo de sucesión. Esa es la única realidad probable para Venezuela, si no hay acciones de fuerza que se opongan a la que la dictadura ejerce sobre su pueblo.

Que la solución es mala es evidente, que nunca es buen precedente que un país intervenga militarmente en el territorio de otro, también. Pero, la alternativa de permitir la impunidad de Maduro, así como la perpetuación de su régimen y de los delitos que exporta, es claramente peor.

La pregunta del día es qué vendrá después. Es imposible saberlo, pero la señal que ha dado Estados Unidos es clara: el gobierno de Trump no permitirá que quienes ejercen el poder sigan comportándose como una organización criminal que daña la seguridad de su país. Así, el debilitamiento del régimen es de tal profundidad, que lo deja en una situación terminal.

Es lamentable, una vez más, la reacción del gobierno de Chile. Condenar la acción de Estados Unidos, apelando a principios abstractos que todos compartimos, pero sin hacerse cargo de la realidad del pueblo venezolano, de la ilegitimidad del régimen y de la agresión permanente que ejerce sobre el resto del continente, es evadir la complejidad del problema y las alternativas reales que la situación concreta impone.

La soberanía es la capacidad de un pueblo de autogobernarse y, por ende, del Estado para generarse un orden jurídico que es legítimo por sí mismo. Nada de esto existe en Venezuela. A los venezolanos les arrebataron por la fuerza sus derechos de ciudadanía. La odisea de Corina Machado para recibir el premio Nobel de la Paz, arriesgando su vida, es el mejor símbolo de ello. Digan que no les gusta Trump, digan que prefieren que siga el régimen de Maduro antes que una intervención militar de USA. Pero, por favor, no pretendan que están defendiendo la soberanía de Venezuela.

Por Gonzalo Cordero, abogado

Enero 3, 2026 • 1 día atrás por: LaTercera.com 29 visitas

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