En los años noventa, tras el colapso de la Unión Soviética, numerosos expertos occidentales comenzaron a temer que científicos y tecnología militar rusa terminaran llegando a Corea del Norte por vías opacas, alimentando silenciosamente los programas armamentísticos de Pyongyang. Desde entonces, cada movimiento extraño entre Moscú y el régimen norcoreano ha sido observado con una mezcla de preocupación, secretismo y sospechas difíciles de demostrar.
Un hundimiento lleno de incógnitas. Contaba esta mañana la CNN en un extenso reportaje que el hundimiento del carguero ruso Ursa Major frente a la costa española ha terminado convirtiéndose en una de las historias más extrañas y opacas surgidas alrededor de la guerra de Ucrania, además de una de las más delicadas. Oficialmente, el barco sufrió varias explosiones en diciembre de 2024 antes de hundirse en el Mediterráneo.
Sin embargo, desde el primer momento comenzaron a acumularse detalles difíciles de encajar en la versión de un simple accidente marítimo: un cargamento descrito de forma absurda como “tapas de alcantarilla”, escolta militar rusa durante buena parte del trayecto, maniobras extrañas antes del hundimiento, explosiones posteriores sobre el pecio y un silencio muy poco habitual tanto de Moscú como de las autoridades españolas. Poco a poco, el caso empezó a parecer menos un naufragio convencional y más una operación estratégica que salió mal en mitad de un contexto geopolítico extremadamente sensible.
La sospecha que lo cambia todo. La gran sospecha surgió cuando investigadores españoles y fuentes citadas por CNN comenzaron a apuntar que el Ursa Major podría transportar componentes de reactores nucleares similares a los utilizados en submarinos rusos. El propio capitán habría terminado admitiendo ante investigadores españoles que aquellos supuestos “manhole covers” eran en realidad piezas vinculadas a dos reactores navales, aunque aseguró no saber si contenían combustible nuclear.
La hipótesis más inquietante es que el destino final no era Vladivostok, pese a figurar oficialmente en la ruta, sino el puerto norcoreano de Rason. Ahí es donde la historia adquiere una dimensión completamente distinta, porque el hundimiento ya no sería solo un incidente marítimo, sino la posible interrupción de una transferencia tecnológica extremadamente sensible entre Moscú y Pyongyang, justo después de que Corea del Norte enviara miles de soldados para apoyar a Rusia en la guerra de Ucrania.
Los WC-135 frente a España. La llegada de los aviones WC-135 estadounidenses fue el detalle que disparó definitivamente todas las alarmas. Estos aviones, conocidos como “nuke sniffers”, no son aeronaves cualquiera: son plataformas extremadamente especializadas diseñadas para detectar rastros radiactivos y analizar contaminación nuclear en la atmósfera. Washington los utiliza normalmente para vigilar pruebas nucleares, accidentes atómicos o actividad sensible en lugares como el Ártico ruso o Irán, en cualquier caso, no para sobrevolar rutinariamente el Mediterráneo frente a España.
Que Estados Unidos enviara dos veces estos aparatos sobre la zona donde descansa el Ursa Major alimentó inmediatamente la sospecha de que temía algo mucho más grave que un simple naufragio. Aunque no existe confirmación pública de contaminación radiactiva, el simple despliegue de estos aviones dejó una sensación muy difícil de ignorar: a Rusia podría habérsele hundido frente a Europa un “regalo” nuclear destinado a Corea del Norte. Recordemos que unos meses después, Kim Yong Un enseñó al mundo su supuesto submarino nuclear.
Explosiones, barcos espía y un pecio incómodo. La secuencia posterior al hundimiento volvió todavía más extraña la historia. Según la investigación citada por CNN, el barco no parecía condenado a hundirse inmediatamente tras las primeras explosiones. Sin embargo, horas después de que llegaran medios españoles de rescate, el buque ruso Ivan Gren lanzó bengalas rojas sobre la zona y se registraron nuevas explosiones detectadas incluso por sistemas sísmicos españoles.
Días más tarde apareció además el Yantar, oficialmente un barco de investigación ruso pero señalado desde hace años por la OTAN como plataforma de espionaje submarino. Permaneció sobre el pecio durante varios días antes de registrarse más explosiones bajo el agua. Todo ello siguió alimentando la teoría de que Moscú podría haber intentado destruir pruebas sensibles en el fondo del Mediterráneo, especialmente si el barco transportaba tecnología nuclear militar avanzada o documentación comprometida relacionada con Corea del Norte.
La teoría del sabotaje silencioso. Otro de los aspectos más sorprendentes de la investigación es la posibilidad de que el Ursa Major fuera atacado con un arma extremadamente inusual. Las autoridades españolas manejan la hipótesis de un pequeño agujero de apenas 50 centímetros provocado por un torpedo supercavitante tipo Barracuda, un arma capaz de desplazarse a altísima velocidad reduciendo la fricción del agua mediante una burbuja de gas.
Lo inquietante de este tipo de torpedos es que pueden perforar un casco sin generar necesariamente una gran explosión audible, algo que encajaría con el relato del capitán ruso, que afirmó no haber escuchado ningún impacto cuando el barco comenzó a perder velocidad. Otros expertos creen más probable el uso de minas lapa o cargas adheridas al casco. En cualquier caso, el mero hecho de que se contemple un sabotaje sofisticado en aguas cercanas a España revela hasta qué punto el caso ha dejado de parecer un accidente convencional.
El reflejo de una nueva alianza. Más allá del misterio concreto del Ursa Major, el caso refleja algo todavía más importante: el rápido acercamiento entre Rusia y Corea del Norte. Durante años, Moscú evitó cruzar ciertas líneas relacionadas con la transferencia de tecnología militar estratégica a Pyongyang. Sin embargo, la guerra de Ucrania ha cambiado muchas prioridades.
Como hemos ido contando, Corea del Norte aporta munición, misiles y soldados, y Rusia podría estar devolviendo el favor con conocimiento técnico mucho más sensible. Las imágenes difundidas meses más tarde del hundimiento con Kim Jong Un mostrando el casco de un supuesto submarino nuclear norcoreano encajan y mucho con esta posibilidad. Si realmente existió un intento de trasladar reactores navales rusos hacia Corea del Norte, el hundimiento del Ursa Major podría representar uno de los episodios más importantes (y más secretos) de la nueva relación militar entre ambos países.
Lo que sea sigue en el Mediterráneo. A día de hoy, el pecio continúa a unos 2.500 metros de profundidad frente a la costa española y muchas preguntas siguen sin respuesta. Las autoridades españolas han evitado dar demasiados detalles y sostienen que recuperar la caja negra sería extremadamente complejo. Mientras tanto, las contradicciones, el silencio oficial y la actividad militar alrededor del lugar del hundimiento han alimentado todo tipo de sospechas.
Lo único claro es que el caso dejó de ser hace tiempo la historia de un carguero ruso hundido en el Mediterráneo sin más. Ahora se ha convertido en una trama de lo más peliculera que mezcla guerra híbrida, sabotajes, espionaje submarino, tecnología nuclear y la posibilidad de que, en mitad del caos de la guerra de Ucrania, Rusia estuviera ayudando a Corea del Norte a dar uno de los saltos tecnológicos más delicados de su historia militar.
Imagen | Bas Urrutia
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La noticia
Los aviones WC-135 de EEUU han disparado una sospecha: hay un regalo “nuclear” de Rusia a Corea del Norte frente a la costa de España
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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