Las inteligencias artificiales simulan interés y estados de ánimo con el único objetivo de que nos resulte más agradable usarlas. Pero que nosotros correspondamos y las tratemos como si fueran personas puede ser peligroso. Considerar que estas máquinas son nuestras amigas, nuestras confidentes o, peor, nuestras terapeutas, puede llevar a comportamientos poco éticos o dañinos
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