Detrás de los episodios que hoy generan alarma, hay historias cotidianas marcadas por la desconexión, el aislamiento y la falta de espacios de contención. Niñas y niños que pasan horas solos, que encuentran refugio en las pantallas y que enfrentan malestar emocional sin acompañamiento. La evidencia muestra que la crisis no comienza en la violencia, sino mucho antes.
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