A finales de 2022, al asegurar su tercer mandato, el presidente chino Xi Jinping lanzó una seria advertencia a sus altos mandos: debían prepararse para los "mares tormentosos" y los "peores escenarios". El líder del partido estaba obsesionado con las crisis del "rinoceronte gris", peligros evidentes pero para los que a menudo no se está preparado.
Hoy, con Oriente Medio sumido en una profunda guerra que obstruye rutas comerciales vitales, la resiliencia y la estrategia energética del gigante asiático se enfrentan a una prueba de fuego sin precedentes. En el corazón de esta tormenta geopolítica no solo está el petróleo, sino también el "oro negro radiactivo": el uranio.
Un punto de asfixia. Para resistir este impacto, el Ministerio de Finanzas de China ha presupuestado 110.680 millones de yuanes (unos 16.000 millones de dólares) para el almacenamiento de recursos en 2026, lo que representa un aumento del 8,1% respecto al año anterior. Como explica Even Pay, directora del grupo de asesoría estratégica Trivium China al Financial Times, durante décadas los economistas occidentales criticaron la ineficiencia de mantener estas gigantescas reservas, pero la crisis actual ha reivindicado por completo la estrategia de Pekín.
Un gigante sediento de uranio. Sin embargo, en el corazón de esta tormenta geopolítica no solo están los combustibles fósiles, sino también el "oro negro radiactivo": el uranio. La vulnerabilidad de las rutas marítimas ha acelerado la urgencia de Pekín por escapar de su dependencia del petróleo. El programa nuclear chino avanza a un ritmo vertiginoso. A finales de 2024, el país contaba con 58 unidades de energía nuclear en operación comercial y 27 en construcción. De hecho, el gobierno aprueba entre diez y once reactores al año, con la meta de duplicar su capacidad para 2040.
¿El problema? China produce muy poco uranio. Según World Nuclear Association, en 2023 la producción nacional fue de apenas 1.700 toneladas (el 4% mundial), viéndose obligados a importar unas 22.000 toneladas al año siguiente. Tal y como recalca Bloomberg, el país depende de las importaciones para satisfacer más del 70% de su demanda interna de este combustible.
La estrategia entre manos. Para sortear este déficit y evitar que su sector nuclear sufra el mismo estrangulamiento que el petróleo, Pekín ha desplegado una estrategia financiera, geológica y tecnológica sin precedentes:
Más allá del uranio. El plan de Pekín no se limita a asegurar el uranio tradicional. Como hemos explicado Xataka, China ya ha puesto en marcha el reactor TMSR-LF1 en la provincia de Gansu, el cual utiliza sales fundidas y torio. El torio es tres veces más abundante que el uranio en la corteza terrestre, lo que dota a China de un "plan B" inmensamente rico dentro de sus propias fronteras.
Por otro lado, la energía nuclear está dejando de ser solo una fuente de electricidad. En enero de 2026, arrancó el proyecto Xuwei en la provincia de Jiangsu. Como adelantamos, este proyecto pionero acopla reactores de tercera y cuarta generación para producir vapor a altísimas temperaturas destinado a la industria petroquímica, con el objetivo de sustituir más de 7 millones de toneladas de carbón al año.
El siglo del átomo chino. La guerra en Oriente Medio no ha frenado las ambiciones de China; más bien, ha validado la obsesión del gobierno por la seguridad económica y la preparación ante crisis prolongadas.
Mientras las potencias occidentales intentan reconstruir sus industrias nucleares, China ha pasado a la acción total. Desde las profundidades del desierto de Ordos hasta las aguas de sus costas, el gigante asiático está reescribiendo las reglas del juego. Ya no se trata solo de sobrevivir a la inestabilidad global, sino de asegurar el combustible necesario para dominar el panorama energético del siglo XXI.
Imagen | World Economic Forum e IAEA
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La noticia
Mientras el mundo tiembla por el petróleo, China tiene otro plan: el dominio absoluto del uranio
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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