Hollywood parece ir teniendo claro que en los videojuegos está el siguiente gran filón al que agarrarse tras la caída de los superhéroes y los universos compartidos, así que lo va a explotar todo lo que pueda. Y es probable que encontremos traslaciones de propiedades recientes que han tenido éxito junto algunos clásicos que ya tuvieron (malas) versiones en el pasado.
Entre estos últimos vamos a encontrar muchos juegos de lucha. De hecho, ya los estamos encontrando. ‘Mortal Kombat II’ está llenando las salas de cine de fatalities mientras que el tráiler de ‘Street Fighter’ está causando impacto por su aspecto exagerado. Y viendo como las películas de ‘Super Mario’ están apilando personajes del mundo Nintendo, no será de extrañar ver una de ‘Smash Bros’ en el futuro.
Históricamente todos esos juegos de lucha han compartido un modo principal de ir encadenando combates contra diferentes rivales, preparando una gran traca contra el jefe final. Una película no se puede sostener así, y tiene que ir creando momentos de historia entre peleas, algo que están realizando estas películas de ‘Mortal Kombat’. La secuela opta por enfatizar el carácter del “final boss” en su estructura.
Y esto es uno de los grandes problemas que le hace bastante fallida como película y desigual como espectáculo. Uno de varios, porque tiene también una capacidad nula para el drama que queda patente durante una hora y un desaprovechamiento de Karl Urban como Johnny Cage. Pero entregarse de manera tan clara hacia un enfrentamiento con un rival de carácter más imponente que el resto, y durante largo rato indestructible, hace que la película pierda ritmo y energía.
En las versiones clásicas de estos juegos de lucha, el boss final no aparece hasta el final, y tiene más diseño que historia. Películas como ‘Mortal Kombat II’ temen que no haya tensión en el clímax si el gran antagonista aparece muy tarde, por lo que intentan presentarle con detalles de historia que, al final, son muy escuetos para que importen lo más mínimo. Dicho de otro modo, se sienten en necesidad de construir al villano, pero luego no son capaces de hacer algo aparte de mostrarlos como muros contra el que chocar.
La otra particularidad del jefe final es que es más duro de derrotar que el resto, por lo que tienes que ir picando botones y encontrar estrategias con el personaje con el que eliges jugar. En una película como ‘Mortal Kombat II’ no eliges personajes, así que tienen que ir todos uno a uno enfrentándose a un enemigo prácticamente indestructible, y verlo por acumulación se termina volviendo tedioso a pesar de que su punto fuerte está en la violencia que despliega.
Aquí resulta un problema de bulto, y puede serlo para las otras películas de lucha que opten por una estructura similar. ‘Street Fighter’ puede tirar de lore de personajes, pero va a ser igualmente fatigoso ver a un montón de personajes intentando pelear (y fallar) contra M. Bison o Akuma, e igual con ‘Smash Bros’ contra la Master Hand. Al final la solución pasa por algo tan sencillo como “intentar escribir una historia”, pero ya parece que a estas películas se les hace cuesta arriba, así que al menos señalar los problemas igual hace que no los repitan tan flagrantemente.
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‘Mortal Kombat 2’ tiene un problema grande al que se tendrán que enfrentar otras adaptaciones de videojuegos como ‘Street Fighter’ o ‘Smash Bros’
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Pedro Gallego
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