"Para saber si alguien es bueno, no preguntamos qué cree o espera, sino qué ama". Uno lee esta frase y es casi inevitablemente pensar que se trata de la típica mercancía escacharrada de autoayuda que llena feeds, tazas y estados de Whatsapp. Pero nada más lejos de la realidad.
Y no solo porque fue escrita hace más de 1.500 años por uno de los pensadores más influyentes de la historia, sino porque (además) se ha convertido en uno de los conceptos filosóficos de los últimos meses.
Así que igual la pregunta no es qué puede enseñarnos un viejo cura en esta época llena de prisas, que también; la pregunta es por qué ese viejo cura ha vuelto al centro del debate público exactamente ahora.
¿Qué quería decir exactamente San Agustín? La frase es muy interesante porque, bajo una aparente retahíla sin sentido (¿qué cree? ¿qué espera?), esconde una idea muy clara de lo que es importante en la vida. En el pensamiento cristiano, las tres grandes virtudes tradicionales son precisamente la fe, la esperanza y el amor. Lo que defendía el filósofo de Hipona es que la fe es importante, claro; la esperanza es fundamental, por supuesto que sí: pero en el centro de todo está el amor.
De hecho, el mismo Agustín tiene otra fase famosa ("Ama y haz lo que quieras") que va mucho más allá en su amo-centrismo.
Nadie puede sorprenderse mucho, la verdad. San Agustín tiene grandes éxitos como: "Señor, concédeme castidad y continencia, pero no ahora". Ese "Haz lo que quieras" suena sospechoso, pero (en realidad) no lo es tanto. Lo veremos.
¿Por qué se ha hecho popular todo esto ahora mismo? Por la política, claro. El 29 de enero de 2025, el vicepresidente estadounidense Vance defendió en una entrevista que la cancelación de la mayor parte de la ayuda exterior estadounidense y las deportaciones masivas con ese argumento. Que "hay un concepto cristiano old-school según el cual amas a tu familia, luego a tu vecino, luego a tu comunidad, luego a tus conciudadanos y, después de eso, ya puedes priorizar al resto del mundo".
Más tarde, en X.com, pasó la tarde mandando a la gente a googlear "ordo amoris". Es decir, Vance hacía suya esa idea de "ama y haz lo que quieras" de la forma más directa posible.
¿Pero tiene sentido? Traducida a un lenguaje más actual, la idea agustiniana viene a decirnos, sencillamente, que el sujeto se define por la dirección de su deseo, no por la corrección de sus creencias ni por sus expectativas. Pero, sin entrar en cuestiones políticas, eso no significa exactamente que haya una orden claro de obligaciones que nos diga a quién debemos amar primero y a quién debemos amar después. No es un ranking.
La idea de Agustín es más compleja porque, en el fondo, estaba convencido de que el amor tiene un poder transformativo sobre las personas: los ordena por dentro. Ese es el orden que reivindicaba.
Lo que podemos aprender de San Agustín sin entrar en politiqueos. Que lo importante son las cosas que realmente nos importan; no nuestras ideas sobre el mundo, ni lo que esperamos que ocurra. Pero, sobre todo, porque eso que amamos nos terminará convirtiendo en el tipo de persona que queremos ser. En alguien, como diría el Padre de la Iglesia, bueno.
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San Agustín tenía razón: la pregunta más importante para entender a alguien no es en qué cree ni qué espera. La pregunta es qué ama
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
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