El Ciudadano
Las dos administraciones del inquilino de la Casa Blanca demuestran la obsesión de destruir a la República Islámica de Irán bajo la constante inspiración e influencia nefasta del lobby sionista en Estados Unidos y el régimen judío sionista israelí, a lo cual debemos unir, en forma evidente, los propios grupos de presión ligados a esa ideología supremacista y genocida en Francia, Gran Bretaña y Alemania.
Estados Unidos ha llevado a cabo una política de máxima presión contra Irán desde el momento mismo del triunfo de la Revolución Islámica en febrero del año 1979. Línea que, en el caso de Donald Trump, ha sido parte de las decisiones en materia de la política exterior desde su primera administración, cuando el año 2018, violando el Plan Integral de Acción Conjunta –PIAC- firmado en julio de 2015 entre el G5+1 e Irán, como también la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU que refrendó ese acuerdo nuclear. Un Trump que intensificó las sanciones, embargos, presiones, desestabilización e incluso el asesinato de figuras de la talla del teniente general Qasem Soleimani. Ello, junto al aval de todas las acciones criminales llevadas a cabo por su proxy regional sionista israelí.
La política de Trump en el plano interno y externo se enmarca, a mi entender, en la línea de su propia personalidad especificada ampliamente como la de un narcisista maligno. Definición que caracteriza sus administraciones, la conceptualiza y que combina el trastorno de personalidad narcisista (1) con un comportamiento sádico y claramente antisocial. ¿Qué caracteriza este perfil? La mixtura de megalomanía, la necesidad compulsiva de ser admirado, idolatrado, a partir de una vanidad extrema que requiere el aplauso incondicional, la lisonja y adulación indigna de aquellos que necesitan como el aire que les palmoteen la espalda como una especie de mascotas.

Lo señalado se expresa en estrecha relación con lo que podemos caracterizar como una absoluta falta de empatía con aquello que caracteriza los elementos propios de nuestra condición de seres humanos. Una conducta teñida de un sentido de superioridad, manipulación, mitomanía. Un proceder antisocial y plagado de sadismo, donde la intolerancia a la frustración, la crítica, junto a la verbalización constante de llamados a la venganza, al crimen, a la destrucción son parte constitutiva de un Trump que suele arremeter con furia cuando su ego se ve amenazado.
La lectura de diversos estudios, análisis y opiniones relacionadas con el tema de Trump y su narcisismo maligno, que, en este trabajo expreso en la política de agresiones contra la República Islámica de Irán, evidencian que el mandatario estadounidense reúne cada una de las características asociadas a esta peligrosísima patología, sobre todo cuando el poseedor de ella tiene en sus manos un poder nuclear. Si bien Trump no ha mencionado expresamente el uso de armas nucleares contra Irán, esa amenaza subyace tanto por su propio arsenal nuclear, como aquel que posee el régimen judío sionista israelí, que frente a una derrota estratégica los impulse a agredir con armas nucleares a Irán.
Una muestra de ese trastorno de Trump son las reiteradas intimidaciones mediante una retórica agresiva y enloquecida contra Irán si no cede a sus pretensiones imperiales; “desataremos el infierno en Irán”; “lo devolveremos a la Edad de Piedra”; “toda una civilización morirá esta noche y jamás volverá»; fueron algunas de las frases para el bronce de Donald Trump.
Un presidente veleta, con objetivos diversos, cambiantes con respecto a Irán, mostrando con ello una absoluta ignorancia respecto de la historia milenaria de la nación persa.
Tan sólo el análisis de lo vociferado por el mandatario estadounidense, patentizan las principales características asociadas al narcisismo maligno del inquilino de la Casa Blanca, consignadas desde diversas fuentes y que puedo resumir en el siguiente listado.
Tras la guerra de agresión de junio de 2025 y la llevada a cabo a partir del 28 de febrero de este 2026 constatamos el afán destructivo, criminal, sin límites de la alianza imperial sionista. No en balde, las primeras acciones del 28 de febrero de este 2026 han sido una muestra de ese carácter de sadismo y perversión, con absoluto desprecio a cualquier regla que se haya dictado, incluso en materia de enfrentamientos bélicos: el magnicidio del mártir y líder religioso Seyed Ali Jamenei y el infanticidio masivo que se expresa en el bombardeo de la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en la ciudad de Minab, en la sureña provincia iraní de Hormozgan. Una masacre vil que significó el asesinato de 170 menores de edad.

Trump es un personaje que entró en una vorágine, un entuerto del cual no va a salir indemne, con un Irán que es su peor pesadilla. Un presidente veleta, con objetivos diversos, cambiantes con respecto a Irán, mostrando con ello una absoluta ignorancia respecto de la historia milenaria de la nación persa. Un país cuna de civilizaciones que ya tenía miles de años de recorrido cuando aún no nacía Estados Unidos el año 1776 y menos aún el régimen sionista que surge a la vida internacional el año 1948.
La aparente cautela de Europa y hasta cierta división lo que expresa es lo serviles que son los europeos con Washington: medrosos, pávidos. Faltos de soberanía y dignidad.
Hoy, en su embriaguez, habla que su escalada de agresiones ha conseguido que Irán claudique, mientras que sus bases militares en los países del Golfo arden. Habla de derrota de Irán mientras buscan mediación internacional y reconoce que esto no tiene fecha de término. ¿No es acaso todo esto el ejemplo patente de un político que administra un país poderoso en materia militar y que representa a un trastornado que pone en peligro al conjunto de Asia Occidental con efectos globales evidentes?

Analicemos, brevemente, esa relación de vilipendio que Trump ejerce sobre sus aliados europeos. Ejemplo del narcisismo y de aquellos que administran los gobiernos europeos que siguen sumisos frente a un Trump que los considera cobardes. Un daddy mandón y al mismo tiempo matón que atemoriza a sus hijos, en este caso putativos. Es el trato de los conquistadores con sus malinches, los que le sirven en función de creer que con ello sobrevivirán de mejor forma. La aparente cautela de Europa y hasta cierta división lo que expresa es lo serviles que son los europeos con Washington: medrosos, pávidos. Faltos de soberanía y dignidad.
¿Hay tensiones con Trump? Evidentemente, pues el líder del club Epstein un día les dice a los europeos que no los necesita y al día siguiente solicita que envíen barcos de guerra para defender lo que denomina “el libre paso por el estrecho de Ormuz”. La Unión Europea queda como lo que es: un continente indigno con sus llamados a la «máxima contención», protección de civiles y respeto al derecho internacional, pero sin llevar a cabo acciones que le digan a su socio de la Casa Blanca que debe terminar sus agresiones, porque los efectos de ella los toca mucho más a ellos en sus economías que a la de Estados Unidos. Los cobardes no son capaces de eso. Y esa conducta despreciable genera pequeñas fricciones, ciertas divisiones que espero se profundicen y le abra los ojos a ese continente convertido en patio trasero de Estados Unidos.
Volvamos a lo importante. Mientras Trump delira en su narcisismo maligno y le exige a Irán en forma desesperada que cumpla sus exigencias, Irán cumple sus advertencias: controla el Estrecho de Ormuz, cobra cuotas de navegación a los barcos que transiten por ese paso marítimo. Presenta sus diez puntos a Washington como el marco de discusión. Un Irán que aplica una narrativa, un relato y una mediática en redes sociales que tiene desesperados a aquellos que dominan todas las empresas tecnológicas, y, sin embargo, no pueden contrarrestar la visión positiva que el mundo ha asumido respecto a la justeza de la lucha de Irán.

Una validación conseguida con valor de una sociedad que sale a la calle en defensa de su tierra, que defiende su historia, su presente y su futuro no en un bunker, no enterrados bajo tierra temblando de miedo como lo hacen sus enemigos. Una sociedad digna, soberana, valiente, referente para los pueblos del Sur Global. Y esto ya es un triunfo frente a la alianza imperial sionista. Hoy se discute de acuerdo con la estrategia política y militar de un Irán que tiene el “sartén” en la mano y no se entra en cualquier posibilidad de negociación de acuerdo a los deseos y objetivos de Trump y los suyos.
Por Pablo Jofré Leal
Periodista. Analista Internacional.
Artículo para Hispantv
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