Y en Colombia ¿dónde están las actas?

El Ciudadano

Por Matías Bosch Carcuro

De Milei a Rodrigo Paz, de Noboa a Laura Fernández, de Luis Abinader a Bukele, sumando a Asfura, Murillo, Peña en Paraguay, y los infaltables Kast y Trump, el “Escudo de las Américas” más Netanyahu saltaron en pleno a felicitar rápidamente a Abelardo de la Espriella en su pretendida “victoria” en la segunda vuelta electoral de Colombia.

La pregunta surge por sí sola: ¿y las actas? Aquellas mismas actas que causaron un sismo mundial de posteos desde Venezuela en 2024, que elevaron a Edmundo González como prócer de la democracia asilado en España y llevaron a María Corina Machado al Premio Nobel de “la paz”, y más tarde justificaron un asalto a Caracas y el secuestro del Presidente Maduro, ¿quién las reclama en Barranquilla, fortín de don Abelardo?

Las razones son más que abundantes: la candidatura de Iván Cepeda ha impugnado 57 mil mesas de votación, la diferencia apenas es de 0.9% y los videos se multiplican en redes sociales evidenciando alteraciones, adulteraciones de resultados y, en muchos casos, francas y burdas chapucerías en actas electorales.

Los precedentes de fraude e intervenciones en la región son otro motivo de peso, impactando en el último año en Ecuador, Argentina, Honduras, y posiblemente en Perú.

Por esa razón, al hablar en la noche electoral, Cepeda dijo conocer los números del “preconteo”, lo único que se sabe hasta ahora, pero que sólo sería un resultado oficial a acatar y reconocer el que salga del escrutinio, es decir, del proceso de conteo y verificación reglamentario.

Más cuando ya, para ese momento, había anunciado la impugnación de 30 mil mesas. Pero los señores y señoras del “Escudo” y “las actas” no tienen que ver con cosas tan poco relevantes: “relato y golpe matan dato” podría ser su consigna.

El asunto es grave en Colombia. Baste pensar que, antes del domingo 21, los análisis dominantes planteaban que Cepeda necesitaba sumar 3 millones de votos en segunda vuelta para ganar; esa sola cifra sugería que hacerlo era matemáticamente imposible. La derrota estaba, de antemano, saldada.

Pero los hechos dijeron otra cosa: siguiendo el mismo “preconteo”, la fórmula Cepeda-Quicue pasó de 9,688,361 votos en primera vuelta, a 12,708,712, es decir, más de 3 millones de votos por encima, superando por mucho la gran meta de captar los 225,517 votos de Claudia López (que en los últimos días le dio su apoyo abierto) y el importante 1,009,073 de Sergio Fajardo (renuente en todo momento a decantarse, una vez más). Cepeda lo logró.

Por tanto, si los votantes pasaron de 23,978,304 en primera vuelta (57.8% de participación) a 26,345,364 en segunda (63.6%), Cepeda y Quilcue lograron prácticamente estar 700,000 votos por encima de todo el enorme crecimiento de la participación de una vuelta a otra, ¿de dónde sacó de la Espriella un aumento de 2.6 millones de votos? Al menos la duda es razonable.

Ante todo el cúmulo de inconsistencias documentales, gráficas y lógicas, la cuestión se torna más delicada con la noticia de que la Registraduría Nacional (el órgano a cargo del conteo y los resultados) decidió no revisar voto a voto las mesas electorales del extranjero, única forma de comprobar si los números son fidedignos, más cuando en ellas reside el 66% de la supuesta diferencia entre de la Espriella y Cepeda, un hecho “a lo Keiko”, según dictan los resultados publicados hasta ahora para la segunda vuelta en Perú.

La democracia se sirve a la carta. Si todo esto estuviera pasando en la Caracas de 2024, los hechos del 3 de enero de 2026 se habrían adelantado casi dos años. Pero en ese momento y hoy en día, cuando la extrema derecha se declara “ganadora”, de un lado y otro del péndulo, todo indica que los votos, los documentos y los conteos son lo de menos, y el “Escudo de las Américas” junto al sionismo ya se pusieron en pie, con de la Espriella invitado de honor a sumarse al campo de golf.

En medio de atentados, campaña sucia y toda clase de intervencionismos, alguien debería reclamar las actas, respetar el resultado oficial y debería existir, al menos, el derecho a un conteo limpio, lo que nunca nadie garantizó, ni lo hará, cuando las mayorías quieren otra cosa que la voluntad patronal de las oligarquías y los amos del mundo. 

Matías Bosch Carcuro

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Junio 25, 2026 • 1 día atrás por: ElCiudadano.cl 39 visitas 2233293

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