Derecha boba, izquierda viva
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Derecha boba, izquierda viva

SEÑOR DIRECTOR:
Las personas suelen tomar malas decisiones cuando perciben que pueden ganar mucho o cuando estiman que lo pueden perder todo. En la derecha, y dado los ciclos electorales en América Latina en que las oposiciones han triunfado en cerca del 85% de las elecciones presidenciales entre 2015 y 2025, la expectativa de ganar mucho la está haciendo trizas. La izquierda, en tanto, ya asimiló sus escasas posibilidades de ganar la presidencial, pero no por eso ha arriado la bandera. Las chances de perderlo todo persisten, lo que implica salir derrotados, además, en la elección legislativa. Su desafío es conseguir al menos 78 diputados.
La gran diferencia entre oposición y oficialismo es el mecanismo de resolución de conflictos. En la oposición no habrá primarias entre todos los aspirantes y la competencia se dará en un espacio informal. La presa será Matthei y sobre ella se dejarán caer Kast, Kaiser y Parisi. Ninguno tiene incentivos para bajarse, pues perciben que pueden ganarlo todo. Esta descoordinación llegaría al extremo de excluir a Carter de una primaria con Matthei. ¿Por qué? Primero, por el histórico miedo que moviliza a la derecha. Les aterra que esa primaria sea de baja convocatoria. Segundo, por la sensación de conspiración. En este caso, que la primaria sea intervenida por votantes exógenos a Chile Vamos que apoyen a Carter para anular a Matthei. Estos sentimientos de la derecha, guardando las proporciones, no son tan distintos al miedo que le produjo la separación de la Iglesia con el Estado, a la inquietud por la emergencia de partidos de izquierda a inicios del siglo XX, al pánico que los llevó a respaldar a Frei en 1964, y a la desesperación por el triunfo de Allende en 1970. Piñera rompió con todo esto, entendiendo que con miedo y con pánico no se ganaban elecciones.
La izquierda ha hecho mejor las cosas, optando por las primarias. Resta saber si lo hará en una o en dos elecciones. El peligro de ir con dos candidatos es rematar terceros y cuartos en la primera vuelta. Pero quién sabe si, derivado de las encuestas, uno de esos ganadores declina, generando la necesaria unidad para, además, conseguir la mayoría en la Cámara. ¿Puede ganar? Sí. ¿Es difícil? También. Lo relevante es que el peligro de perderlo todo, al menos, los moviliza hacia un objetivo común.
Mauricio Morales
Académico de la Universidad de Talca
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