Capital de la nada
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Capital de la nada

En 1983, recién estrenada la Comunidad Autónoma de Madrid, a Joaquín Leguina, primer presidente de la cosa, se le ocurrió la peregrina idea de encargar la letra del nuevo himno madrileño al poeta y filósofo Agustín García Calvo (1926-2012), un sólido e interesante pensador pero también uno de los personajes más extravagantes y excesivos de una época que tendía a los excesos. Un hombre agudo, irreverente y ácrata, siempre tintineante de medallones hippiosos, que, por supuesto, creó una letra que tuvieron que domesticar, porque, entre otras cosas, decía: “Y en medio del medio, capital de la nada, oficinas, garajes, museos”. Gracias a la intervención del alcalde Tierno Galván consiguieron contener sus asilvestradas metáforas y en concreto esa línea se convirtió en “Y en medio del medio, capital de la esencia y potencia”. Aunque el maquillaje no sirvió de mucho; ahí sigue el himno con su texto, pero por lo general sólo se toca la música (ver el genial artículo de Álex Grijelmo en EL PAÍS).
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